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10.12.09

sobre el nuevo dni



El primero de diciembre me subí al subte como cinco de siete días a la semana y me bajé sin la billetera como una vez en mil y quinientas. "Queremos eficiencia, pero sin hacernos cargo de nuestra propia locura. Eso es la inseguridad para mi", dice Diego Reinhold en una columna que publica hoy La Nación y que está exaltando a media tribuna de doctrina: la parcialidad local. Lo que un primer momento fue re mala onda prontamente se convirtió en una jornada maravillosa. De ahí me fui cantando un tema de Bochatón a la comisaría de Arroyo y Suipacha que más que comisaría parece migraciones. La mayoría de los asistentes son extranjeros, hay una máquina de gaseosas, una de café, un plasma, poca gente, y buena onda policial. Ya de entrada la fuerza se te presenta en todos los idiomas del mundo: polizei, police, policía, polisemia. El oficial me dice, bien, que para denunciar un robo en el subte me tenía que dirigir a no sé qué dependencia de la calle Boedo porque allí se arma el mapa del delito subterráneo. Hábil estuve cuando recocí que no me había percatado de ningún hurto, que bien podría habérseme caído la billetera por ahí. Entonces el oficial me explicó que eso cambiaba todo: “Extravío”, pronunció en éxtasis. Certificado y a otra cosa. Con la denuncia partí al Banco a dar de baja la tarjeta de débito canturreando un tema solista de Jorge Serrano y como tenía que ir al sector comercial y era el primero en llegar me atendieron rápido, y bien. El compañero empleado se deshizo en consejos que no pedí como que podía cobrar el sueldo trayendo la partida de nacimiento, que él se comprometía a hablar con el gerente del banco 'y listo', y que si no había nadie en mi casa en horario laboral él pedía la nulidad del envío para que me mandasen la tarjeta a la sucursal, así cuanto antes mejor podía tenerla, y que me quedaría mejor dejarme las patillas, mil consejos sabios y atinados. Así que recalé al trabajo muy feliz ya al ritmo de una canción de Sophie Ellis Bextor. Llamé cerca de una hora al 0800-9999-364(DNI) hasta que me atendieron. Fue lo único malo. Había mucha gente llamando al mismo tiempo y dio ocupado en reiterados intentos. Cuando te comunicabas, superado un tiempo (mínimo) en espera, te ponían fuera. Y vuelta a llamar. Fue un martes. Cuando finalmente me atendieron una chica me dijo que tenía que ir el jueves 3 de diciembre a las 17 horas a Paseo Colón 1093. “Anote —mandó. 1T3NPFWI”.


El día indicado llegué a las nuevas oficinas del Renaper, casi enfrente de la Facultad de Ingeniería. Mostrador I. ‘Digame el código, quiere cambiar domicilio u otro dato. Sí si, otro mostrador, sino vaya y pague’. ‘Si sí, Spacek’, agregué ante el ocasional empleado público. Mostrador II. Cambio de domicilio. Buen humor, todo bien. Mostrador III. Pago, 35 pesos, ‘listo, número 13346’, ‘gracias’, ‘chau, saludos a los tuyos’. Camino dos pasos un antiteatro de 20, 25 pibes y pibas en atención al ciudadano. Miro el tablero 13351. Ya estaba pasado mi número, me meto en el primer box que veo libre. ‘Están adelantados.’ ‘Sí.’ Un genio, no copado, un genio el muchacho. Preguntas, confirmaciones, reconfirmaciones. Firma digital, pulgares digitales, foto digital. ‘¿Todo bien?, ¿conforme con la foto?, ¿con la firma?’, ‘sí, todo bien menos los pulgares, esos no son míos, me los pusieron’. Diez segundos después: ‘Ya está. En 5 días hábiles tenés el documento libreta azul y el documento tarjeta plástica en tu casa.’ ‘¿Hay que pagar algo?’ ‘No. Ya está todo incluido en los 35 pesos que pagaste.’ ‘Los felicito por la eficiencia.’ ‘Gracias, estamos contentos.’ ‘Como Don Carlos.’ ‘Eh, sí, Tino.’


Salgo y miro el reloj: 16.57. Había llagado temprano unos 10 minutos y me fui antes de la hora del turno. Ayer, 9 de diciembre, llegaron los documentos a casa.


9 de diciembre -1 día -2 días de fin de semana -1 día de feriado: 5 días hábiles.


Ahora puedo votar de vuelta a Cristina.




Mientras tanto, en otros Gobiernos menos corruptos.

25.8.06

la medida del amor es amar sin medida









A cada persona se mide por el tamaño de su corazón.

Estuve leyendo la entrevista completa en la que el Flaco Spinetta le pega al “vudú de prensa” que le hizo Petinatto en La Mano. Wálter Gazzo, quien consiguió esas opiniones, tiene un gesto de grandeza inusual. No vende la nota a partir de las declaraciones furtivas, hace hincapié en otras cosas más trascendentales, porque trascenderán seguramente el momento de chimento-rock, la disputa, el enfrentamiento. Y sí, somos unos pavotes.

Lo que sí sé es que hay cosas que ya no van más: el rock del arengue terminó con Cromañón, de una manera espantosa. Si el rock no es amoroso y no reúne a la gente para bien, no es rock. Siempre creí que el rock es amor, paz e inteligencia. El arengue terminó disolviendo el lazo más importante que hay entre la gente, que es el respeto y el cuidado por la vida. Yo tuve una época -en Los Socios del Desierto- cuando con canciones como Cheques o Nasty people había pibes que se golpeaban mientras yo cantaba. Yo he sido muy padre de mis hijos y cuando veía eso me daban ganas de bajar del escenario y darles un cachetazo, por pavotes…

Ayer fuimos con Nolugareña y amiga a ver a Pancho y Palo al Tasso. Ella ya hizo la croniquè muy bien así que obviaré a los fanáticos cuarentagenarios imposibles del Cornelio y los pocos y tímidos seguidores del Gorrión para pasar a los bises. Entre esa batería de hits extraños que Pandolfo cosechó en su sinusoidal carrera se cuenta ese que reza Estaré, estaré, a donde salga el sol. Beberé, beberé, la luz de todos los colores cantando.

Me quedó dando vueltas eso de que cada persona se mide por el tamaño de su corazón, y me di cuenta que de alguna manera es la métrica que uso yo para medir a cada persona. Al final, si te emociona una frase como esa, descubrimos, yo y mi cerebro, que somos mucho más simples de lo que creemos.

26.9.05

algo se arregló

Estaba cantando: “Controlo el miembro, sin sabores, de repente orino”, de Brillante Búho, de Francisco Bochatón, de su primer disco solista, Cazuela, de hace unos años, hace unos años, en la oficina de mi viejo, cuando trabajaba con él. Y se empezó a cagar de risa. Después me pidió que saque el disco, que cantaba como un perro ese muchacho. Quizás dijo eso por el tema que dice eso de “tu mujer es el relleno de pavo, inflas un globo que se hincha en tu mano, la brasa del agua se derrite en tu boca, el sabor”, que es particularmente desafinado el tonè. El comentario había sorprendido a Marilina; decía que era imposible que no le haya gustado ese disco, más pegadizo que la mierda, si es que le mierda, efectivamente, es pegadiza, claro.

Para ser sincero dudo mucho de si todo lo dicho es mentira o si lo exageré o si es la pura verdad. Pero tenía ganas de escribir sobre Bochatón y no se me ocurría cómo empezar y me pareció que la anécdota era una buena manera de articular mis falanges y falanginas y falangetas, que andan medio desacostumbradas al tipeó.

Como dije en el post anterior estoy escuchando La calma después de la paliza, y está muy bueno. Después de varios discos: además de Cazuela, dos epés –Píntame los labios; Mundo de acción- y un larga-duración (Hasta decir palabra), salteando un compilado –Completo-, Francisco sacó el primer trabajo en el que le perdió el miedo a lo peligroso gorrión y dosificó dosis de guitarras distorsionetas junto a la bella melodía de su parte solista.

El disco quizás no es tan bueno como algunos anteriores, pero sabe a inicio de algo lindo. Igual, como todo lindo disco, va complejizándose con las escuchas.

Supongo que Hasta decir palabra es su disco más flojo; digo que fue un momento de inflexión, que sembró dudas sobre el futuro, en mí, pero creo que influenció en lo que vino después de la paliza. Todo esto suponiendo que a alguien le importe mi opinión acerca de Bochatón, sigamos haciendo como si sí como para terminar.


Creo que es un ejemplar único en nuestro rock, el platense este. Y creo, además, que es sano que haya vuelto con lo suyo y que se anime a no olvidarse de lo que fue. No lo viejo es necesariamente poco decibeloso y no lo nuevo es obligadamente despojado. Y es bueno que se de cuenta que los chicos seguimos necesitando rock. Melodías rock con urgencias punk: los doce temas se agotan en 31 minutos 41 segundos. Para bajar un cambio y enrostrarnos ternura y desolación pop ya está el bueno de Drexler con su aparición rutilante; un estudiante de marketing dirá que encontró un “nicho en el mercado”. Que importante es que Drexler se enchufe también: en el Personal Fest vi a Jorgito enchufado y rocker y da miedo, porque eso abriría las puertas a un artista completo e imprescindible, pero uruguayo. Y además está Flopa, Minimal solista, Gabo Ferro y Luciano Pereyra; es bueno que Bochatón sea otra cosa y que se enchufe y que diga sus letras falsamente spinetteanas y su melancolía de chico pobre con felicidad.