15.10.11
23.9.11
kirchnerismo para armar
Algo de esto ya está en el prólogo del libro, así que limitémonos al sincretismo de twitter, a los 140 caracteres, que algo nos ha enseñado esa red social, la cultura del eslogan: tan necesaria en democracias de mercado. Kirchnerismo para armar es un libro que saldrá en octubre, co-compilado entre Ernesto Gallegos (geólogo), Andres Gurbanov (profesor de Historia) y quien esto escribe (que es nada, pero que le gusta hacer cosas). La suma de la fuerza dio origen, delineó, escaseó, propuso, retaceó, un libro que me gusta sintetizar con adjetivos polisémicos, en menos de 140 caracteres: epocal, coral, generacional.
La síntesis de esta experiencia se explica en la frase que elegimos (que no sé cómo se denomina) para anteceder al prólogo. “El que no patea no erra”, Sebastián Battaglia, en Yokohama, 2003. Después que Seba errara ese penal. El libro, a mi entender necesario, excluye más que lo que incluye, sí, pero hicimos un puto libro, un puto libro que no había. Y nadie lo había hecho. Así que tampoco nos vamos a clavar cuchillos que no afilamos.
Desde ese triunvirato inicial tratamos de acotar muchas variables: que no sean siempre los mismos, que hablen de diferentes cosas, que se copen, que no cobren, que sean responsables, que tengan el corazón convencido. Probablemente vuelva de todas maneras la autoflagelación, la culpa aprendida en la educación católica (o judía), la desmedida autocrítica, la arena innumerable, Borges.
Fue buscado que no escriban en el libro funcionarios, ministros, secretarios de Estado (con la excepción de Iván Heyn, que es un lujo que nos damos porque es el tipo que mejor entendió la divulgación económica científica desde el kirchnerismo). Así como también fue adrede una serie de separadores de experiencias no textuales literales del kirchnerismo existente: redes sociales, pintura, poesía, esténcil.
A título personal diré que el libro lo leí primero desde la arbitrariedad de la eficiencia de las fechas de entrega, y la segunda de corrido tal el orden que le dimos junto a Andrés y Ernesto en pares almuerzos de fugazzetas con queso en una Continental sobre Belgrano. Con el objeto físico, un largo mes después, ordenado y tenaz, diré que es un librazo.
Kirchnersimo para armar es un librazo por cosas antedichas, porque no existía (es urgente), porque es epocal, porque es generacional y porque es coral. Y como yo no escribí ahí adentro, me doy el privilegio de no escudarme en la modestia (que a veces es falsa y la más imprescindible) para subrayar que es un libro interesantísimo de leer.
Una experiencia colectiva peronista, no te trae el entendimiento desde afuera del proceso político, sino desde adentro del movimiento. Es un libro para los que incluso quieran entender el 51/12.
Es un libro de los protagonistas afectivos (e intelectuales) de estos 8 años.
Ampliaremos.
6.9.11
Las Aventuras de Perón en la Tierra
Todos amigos, los textos de Samurai Jack y El Escritor Portátil, y el enorme dibujo de Demián Aiello. Uno más talentoso que el otro. Hiperrecomendado.De paso, les recuerdo que pueden ir a ver la muestra de Demián hasta el 30.
24.6.11
visiones irreverentes de un libro complicado
Que los procesos políticos están integrados por personas y que no todas las personas son una unidad, es de sentido común. Incluso dentro del menemismo hubo funcionarios más valiosos que otros, de acuerdo al rol que desempeñaron y a la eficacia lograda en sus quehaceres circunstanciales.En noviembre de 2007, el Escriba, convocó a los comentaristas de su blog a elegir el Mejor Ministro de la Democracia (léase, desde 1983 a ese lejano día quince del mes once). Los resultados -aún provisorios- a esa encuesta arrojaron (los resultados siempre arrojan) que Ginés González García fue el Mejor Ministro Argentino (quizás ayudado por el recuerdo entonces vívido de la mala gestión de Graciela Ocaña), seguido por Roberto Lavagna (Economía del tándem Duhalde-Kirchner) y por el canciller total Dante Caputto (yo voté a Jorge Taiana, y lo volvería a votar, pese a que nadie le importó en aquel momento ni les debería importar ahora). Sorprendió sí, el cuarto puesto: con meritorios 8 votos en esa acotada encuesta, Carlos Corach, efectivo único vocero del menemismo tardío, se metió en el fab four de los elegidos por la comunidad política web.
Este mes Sudamericana editó 18.885 días de política, visiones irreverentes de un país complicado, una tácita autobiografía de quien será recordado como el mejor defensor del proceso político más incómodo de analizar de la democracia reciente. Su prosa cuidada, su inteligencia especial y su mirada propia de los procesos, ayudan a repensar ese malestar en la cultura política popular que fue el menemismo. No interesa aclarar ahora que “resistimo’ en los noventa (…)”, porque, Natural, diría el General Perón, cualquier chico sensible estuvo en contra de ese proyecto político-económico que determinó un sobreendeudamiento de la Nación a los fines de crear una burbuja de calidad de vida irreal para un país subdesarrollado (Argentina) a costa de condenar a miles de ciudadanos a la pobreza o a la desesperanza, que no es lo mismo, pero es igual. Interesa, ya pasados esos años, revisar sobre qué verdades relativas se cimentó ese proceso, a todas luces masivo, que eclosionó, como la guerra continúa a la política, por otros medios, con la Alianza fallida.
Carlos Vladimiro, que niega la verdad citada al infinito de que su nombre homenajea la dupla Marx/Lenin, acierta en su análisis de la historia argentina reciente, su repaso de nuestro Siglo XX (acierta es un verbo falaz, quiero decir que hace una lectura similar a la que haría yo, para ser honesto). Y en lo que no simpatizamos, obtiene argumentos razonables, para rever posiciones, para pensar, convenciéndome, incluso. Repasa su experiencia militante primero en la UCR, en la UCRI, junto a Frondizi, después en las experiencias moderadas del peronismo, hasta la configuración de la renovación peronista que determinó el liderazgo del Menem gobernador caudillo pasado una vez elegido presidente por el tamiz estético del Consenso de Washington. En el medio analiza todo lo relevante a la política nacional: sindicatos, radicalismo pata pseudodemocrática legitimante de la proscripción justicialista, juventud peronista hija de clases medias gorilas, rol de la orgánica del PJ durante la dictadura, error de miras de esa misma orgánica ya en el 83. Y la defensa del menemismo.
Las peores consideraciones, a veces contemplativas, desde su caballerosidad ominosa, a veces lisas y llanas y temerarias lapidaciones, se las llevan: Illia, la clase media argentina, Chacho Álvarez y los medios de comunicación (preferentemente, los de izquierda). Las mejores, Frondizi, Alfonsín y Menem, y todo lo que sea política en tanto organización que vence al tiempo, la posibilidad del estadista. Resulta curioso como ningunea al Kirchnerismo (ya lo veremos). Su crítica a los medios, discusión que permitió el cristinismo, por otro lado, contiene iguales dosis de elegancia y demolición (en su caso, el adversario es su reverso, Página/12 y la progresía comunicacional, el honestismo). Levantando, claro que sí, la bandera de conferencista de prensa matinal, su marca registrada, pero sin dejar de señalar la incomprensión en general de los medios sobre el proceso menemista.
Hay hacia al final una serie de capítulos que dan en el blanco: discusiones a largo plazo no contempladas desde siempre por la dirigencia argentina, ni exigidas por la prensa, ni por la sociedad, y por supuesto, no desarrolladas tampoco en la década del noventa. El dilema del federalismo posible frente al federalismo utópico; el carácter argentino en tanto ser no patriótico desde su mismo nacimiento en 1810; la necesidad de una nueva universidad pública con una planificación desde el Estado, para encaminar los profesionales necesarios para el desarrollo del país; la reconfiguración de los gobiernos provinciales para el achicamiento del gasto público y el clientelismo, tema complejo si los hay; o la necesidad de una lectura de los procesos históricos lejanos, medidos sí por sus legados y no por sus errores; por citar sólo algunos ejemplos de tópicos posibles a debatir como sociedad que nos debemos.
Interesante es la lectura que hace sobre la supuesta inseguridad en la Argentina: su análisis es exactamente igual al del Gobierno de Cristina Fernández, probablemente porque sufrió los mismos embates sobreinformativos, especialmente la aliteración de la agenda policial de los medios audiovisuales. Su relato sólo se separa en la crítica a la expresión “sensación de inseguridad” debido a su reiterado uso, que tendría peso pedagógico aún, si no. Curioso contrasentido, la crítica a la “sensación” es pariente del tratamiento hacia la “inseguridad”: la reiteración del uso de la expresión se corresponde con una lógica de repitencia informativa. Se vuelve sobre un asalto en Balvanera a la vez que se retacea “dicen que es sólo una sen-sa-ción”.
Así como intenta vanamente justificar las peores políticas del proceso que lo tuvo como jefe de Gabinete también acierta en destacar aquellos legados positivos que la “pesada herencia” se encargó de relegar a un segundo plano. Es su rol, y está bien: durante el menemismo, es cierto, terminó de desaparecer el Partido Militar, se aprobó una buena Constitución Nacional, se anuló el servicio militar obligatorio, se estabilizó una economía hiperinflacionaria. No es sólida (en lo único del libro que no hace pie, justo es decirlo) su defensa: a los indultos (como jugada de ajedrez para debilitar las Fuerzas Armadas y porque en ningún país del mundo se revisa el pasado hasta el enjuiciamiento), a lo realizado frente a los atentados a la Embajada de Israel y a la AMIA (primero porque no hubo conclusiones para esgrimir y segundo porque el mismo aduce que fueron resultantes de los buques enviados al Golfo Pérsico, es decir, fueron ataques respuesta a la gestión errónea e innecesaria de Carlos Menem en política internacional), a la adhesión acrítica al Consenso de Washington (porque era la corriente hegemónica epocal e ineludible), y de la Corte Suprema (en vano, para qué intentarlo; Julio Nazareno, impresentable por donde se lo mire, sólo es nombrado como “un eficiente presidente de la Corte”). De todas maneras, son ejercicios de lógica que a más de una década se pueden leer con menos pasión y por tanto con una mirada más contemplativa.
Su casi nula apreciación del proceso kirchnerista se anota en el debe. Sus pocas menciones se deben a aproximaciones corporales anteriores al 2003 (llegó, se acercó, lo vi) y como críticas elípticas una vez Néstor Kirchner asumiera la presidencia. Un determinado autoritarismo, la incomprensión de los vientos económicos, un mal uso de los organismos de Derechos Humanos, la incapacidad para delegar poder y escuchar a la oposición. Todo esto sin contar los lugares comunes, lo bien que hicieron Chile, Uruguay, Brasil, rayano al eslogan, inexcusable para un político de su capacidad y experiencia. Sólo resalta como positivo el liderazgo Kirchner como articulador de la vuelta al partido del orden. La reflexión de estos años permanece en las vísperas de un ilusorio segundo tomo, el de sus “4.000 y pico de días de No Política”.
Hacia al final, reflexiona Corach, como si la historia su hubiera detenido en su último día como senador: “Nos enfrentamos al hecho de que los únicos jóvenes que participan activa y vocacionalmente de la política son los piqueteros, que cortan calles y puentes, encapuchados y armados con palos”. Una sentencia absolutamente falaz a la luz de la numerosa militancia que el kirchnerismo supo aglutinar, inédita en mucho tiempo en este país, de la que oportunamente el menemismo careció (habrá que preguntarse por qué) y que es sin dudas es uno de las enseñanzas más importantes que el actual proceso político legará el día de su salida: la inexorable necesidad de la participación política para cambiar la realidad.
Jorge Asís termina su crítica al libro de Carlos Corach con palabras a las que suscribo por los motivos opuestos: “Como se trata de un excelente conferencista –actividad cotidiana, en su vereda- Corach aquí clarifica brillantemente sobre los temas que prefiere tratar, mientras cubre, con el positivismo del silencio, los que prefiere omitir”.
30.3.11
País Narco (anticipo)
Capítulo 1 de País Narco, nuevo libro de Mauro Federico, el último periodista de investigación.
Sinopsis: Mitos y verdades de la narcodemocracia argentina: La verdadera historia de los vínculos de Eduardo Duhalde con el narcotráfico. Las denuncias por ocultamiento de una causa judicial que comprometían a su entorno. La complicidad de un ex juez federal que actualmente en miembro de la Suprema Corte de Justicia bonaerense. Las escuchas teléfonicas jamás divulgadas donde aparece mencionado el ex presidente y ex gobernador con el mundo narco.
31.5.10
el otro víctor hugo
Mientras leía Borracho estaba, pero me acuerdo de Víctor Hugo Viscarra, terminado de imprimir en 2002, me autoconvencí de dos verdades, que acabo de confirmar. Estaba muerto y era un escritor de culto.
Hablábamos sobre cualquier cosa con Mariano el día que volvió de su periplo latinoamericano hace unos meses: no recuerdo por qué me lo prestó, al libro, señalado casi por el final por un pasaje La Paz/Oruro de la línea sindical transporte pullman Nobleza, sus páginas de papel barato ya aureoladas de mate.
Venía a cuento, me parece, que muchas veces se viaja mejor leyendo que haciendo turismo.
Este libro casi cronológico de textos cortos así lo confirmaría. Para conocer el 10 por ciento de la vida cotidiana de los bolivianos de a pie que se vivencia en la lectura de Estaba borracho… habría que pasarse al menos 6 meses de bohemia en el submundo paceño.
Viscarra vivió en La Paz y se pasó gran parte de su vida en la calle, suponemos que además escribiendo, dejando este legado, que se me antoja imprescindible.
Porque poco sabemos de la vida de los pueblos latinoamericanos en sus urbes contadas en primera persona. Las únicas lecturas de países latinoamericanos que se editan extramuros de cada país son las de las elites formadas y virtuosas, que no dudan en subrayar la mirada que desde el mundo se busca de sus países, cuyo mayor acierto fue la invención del género realismo mágico, con tan buenos exponentes, por cada país sudamericano. La realización de un mundo imposible que sólo puede darse en tierras que debieran ser mágicas, como cuentos para niños pero para grandes, dado en “el salvajismo” de sus habitantes, pero más que nada precisamente en la ignorancia del mundo sobre esos mismos pueblos.
Viscarra con el lenguaje seco de los hechos hilvana un mundo real, nada mágico, alejado de las hermosas fantasías de la pobreza: la gente se muere de frío, de a miles, cada noche. Ahí está la horizontalidad asesina del machismo, la violación como suceso cotidiano, la changa como excusa diaria para conseguirse el trago de la noche, la pederastia y el maltrato familiar.
Y después del trago, problema y solución de todos los pesares, a repechar las calles con cualquier excusa hasta que se ponga el sol para no quedarse dormidos presos del pedo en cualquier esquina del frío de La Paz.
En sus infinitos periplos nocturnos, Viscarra conoció a cada persona, cada rebusque, cada bar, basural, neuropsiquiátrico, cárcel, comisaría, cabaret y feria de la capital boliviana. Y recuerda cada cosa, a pesar de estar borracho, con memoria de prodigio: cada nombre y cada anécdota que se leen individualmente configuran un mapa acertado de lo que es (o o debe ser –o fue-) la vida metropolitana en los confines de La Paz.
Con simpática sordidez Viscarra narra los pesares más inquietantes desde una mirada, si se me permite, amena; desde la sabiduría de quien sabe que el mundo es este y no el ideal y que hay que vivir lo más alegre posible el tiempo que nos toque. Y claro, dan ganas de ir a echarse unos traguitos en su ronda mortal de bares.
Todos los textos de Víctor Hugo Viscarra: blog.
6.4.10
polo, el buscador
Era chico y sus programas, El otro lado y El visitante, me resultaban aburridos, pero a quién le importa lo que me parecía el trabajo de Fabián Polosecki. Agustín, mi hermano, era fanático, recuerdo, y hoy seguramente me gustaría a mí también su laburo; pero, repito, a quién le importa.
No busqué videos de los programas en Youtube para hablar del libro Polo, el buscador; vida y obra del periodista Fabián Polosecki, de Hugo Montero e Ignacio Portela. La reedición, aumentada y corregida, es un librazo que además de ensamblar la fugaz vida de Polo de una manera magistral, denota un esfuerzo y un amor al personaje poco frecuente.
Montero y Portela entrevistaron a todo el mundo, salvo a los que se negaron, para armar un relato desde lo coral sobre la vida del periodista que, a su manera, cambió la televisión argentina. Teniendo en cuenta que si algo caracterizaba a Polo era, por lo que se cuenta aquí, su gran don para la sociabilidad total, piedra angular de su talento intransferible y único para la entrevista, la decisión de avanzar narrativamente a partir del recuerdo de amigos, familiares, admiradores y compañeros de trabajo, resulta ser la directriz indicada.
También el libro deja entrever un laburo de archivo minucioso. Ya sea artículos de gráfica de Polo (era un gran cronista) como así también reseñas y entrevistas de los más disímiles e inescrutables medios impresos de aquel tiempo (mitad de los noventas).
Polo inventó la entrevista televisiva a hombres y mujeres comunes desde un lugar de no juzgamiento, ni estigma. Estilo que más adelante sí ya vi en programas como Ser Urbano, pero, reitero, a quién le importa.
Veía GPS el otro domingo, el cronista rubio como la negación de Polo, su antítesis. Lo marginal allí donde lo marginal sucumbe, el periodista que juzga y lleva agua para su molino, la imposibilidad de escuchar para aprender del otro, la mirada del afuera para el afuera, la búsqueda de la peor certeza, la aniquilación de la sorpresa.
Qué pensaría Polo hoy que escuchó camioneros, putas, oficiantes, maquinistas, corredores de picadas, floristas, indigentes, vecinos, sobre esta tele actual que toma su novedosa manera de hacer televisión para lograr los objetivos contrarios a su búsqueda. Además, sin talento, sin guión, sin pre ni post producción, sin búsqueda estética ni ética.
Se me ocurre que pensaría, en escala 1:128, algo así como el que inventó la energía atómica.
Es interesante leer el libro, editado por Peña Lillo, por otras decenas de razones, pero especialmente porque es una gran biografía sobre un tipo querible, que marcó su época, narrada por dos laburantes que le van en saga al amor que Polo sentía hacia la entrevista.
2.12.09
Te pido un taxi
Te pido un taxi es la síntesis de que una situación, escena, momento, ya no da para más. La fiesta, cualquiera que sea, se terminó. Una noche de borrachera con una amiga, una cita a ciegas armada por el enemigo, una conversación con tu madre que te hace involucionar 15 años. Vayamos más lejos. Una relación en la que dos personas ya no se reconocen, o peor, se desconocen. Te pido un taxi es la la frase que obliga a la retirada.
Pero Te pido un taxi, la novela, es mucho más que eso. Es la historia de dos amigas que llegan al mismo tiempo a situaciones límites que las harán barajar y dar de nuevo. Cuando la vida no se parece en nada a lo que planearon, cuando el éxito laboral se convierte en un espejismo y el amor en una fórmula averiada, la amistad es, sin embargo, lo único seguro, el lugar en donde estar a salvo. La posibilidad de hilvanar todo aquello que parece arruinado.
Mercedes Halfon y Fernanda Nicolini lograron escribir una historia verdadera, sin fórmulas fáciles. Sin artilugios. Y, sobre todo, muy divertida.
Recibimos el libro Te pido un taxi de las chicas de autobombo.
Acá una notita en eBlog.
27.11.09
27.10.09
Heraldo Radar y Los 40 de Anagrama
Hubo un tiempo, remoto, en el que no compraba Página/12 los domingos. Nunca, o casi, lo compré entresemana. Me remonto entonces a ese tiempo impreciso en donde el suplemento Radar era una novedad, cuando era exótico, cuando tenía menos de 20 años. En aquel tiempo me impresionaba ya la calidad de ese suplemento cultural, lejos, el mejor de la Argentina, mil veces mejor que los más contemporáneos Ñ o Adn. Aunque en estos días no esté saliendo genial, o es que no me importa tanto ya su temática, o es que me cansé, o es que tengo mucho para leer.
Cuando empecé a comprar el Página del domingo me fue imposible tirar los Radares, no sé por qué, me parecían más “trascendentes” que un suplemento de un diario. Se me hacían revistas. Las revistas no las tiro, las tengo todas juntando polvo en algún lugar no tan transitado de la casa. Guardo hasta revistas de interés general. Tengo la colección incompleta de TXT (me falta una). Tengo revistas que no existen más, revistas que siguen existiendo y hasta “publicaciones” que no llegan ni a “revistas”.
Tengo algunas Latido, Veintiuno (la del agujero), Gente, TresPuntos (la de Astiz), Cerdos & Peces, Vestite y Andate, La Mano, Un Caño, Veintidós, Patoruzú, Caras y Caretas (viejas y nuevas), Bipolar, UrbanConexion, G7, El Gráfico, Veintitrés, Caras, RollingStone, Plan V, Goles, Inrockuptibles, La García, etcétera.
Fiel a este sentimiento acopiador durante mucho tiempo guardé las Radar, que son inguardables, porque se amarillean, se llenan de polvo, más de lo normal, pero, especialmente, porque precisan de un volumen, de un espacio, que no tengo. Así que les conseguí una caja y las metí adentro y las subí a una baulera.
(Vale aclarar -ese es el motivo del post- que no llego a leerlas nunca, entonces las guardo, y un día de agosto frío y húmedo que vendrá, o un día de febrero cálido y húmedo que también vendrá, repaso los números, leo las notas que quedaron en espera, y las guardaba.)
Las guardaba hasta que tuve que hacer fuerza para que entren en la caja. Hasta que aún haciendo fuerza ya se sobresalían. En ese momento me vi obligado a una tarea ciclópea, que incluyo varios días húmedos, y que resonaron en mi nariz con la prepotencia de la alergia: repasar de todos los números los que sí debía guardarme y tirar los demás, para celebración de un cartonero. Los motivos que inclinaron la sobrevida de un puñado de Radares fueron esencialmente dos: o una gran nota o una gran tapa de Alejandro Ros, diseñador gráfico del suplemento y genio no reconocido de Las Artes.
Ya sería hora de que a alguien se le ocurra editar Radar en un formato más práctico, para guardar, para leer en el trasporte público de pasajeros, para que se convierta en una revista hecha y derecha (y no echarla). Como el suplemento Soy, sería genial, pensalo Sokolowicz.
Y sucede, ahora sí voy al tema, que Página/12 trae una cantidad de información que nadie con una trabajo estable y una vida social normal puede asimilar.
Divido lo urgente de lo que puede esperar. Las que son de lectura obligatoria, porque hay muchas cosas que ya ni miro. Primero leo lo que mañana será viejo. Dejando para después todo lo demás. Que hay veces, pocas, que se puede leer, ese todo lo demás, el mismo domingo. Sumado a todo esto que ahora escribo en Miradas al Sur y que a lo ya sumamente largo de la lectura dominguera le tengo que añadir una lectura concienzuda del Miradas.
A continuación las cosas que no leo de Página/12: críticas de libros (salvo a Fernando Bogado y a Ángel Berlanga), Santiago O’Donnell, no leo más deporte que una buena nota de Veiga (y los horarios de los partidos), no leo espectáculos (a condición de algo muuuy interesante), no leo temas de género, no leo política internacional, no leo policiales, no leo a Kollman.
Parece que no leo nada, que compro el diario al pedo. Pero ya una nota de Verbitsky diagramada en letra normal en hojas de un libro serán, más o menos, 8. Adicionale a Natanson, y tenés otras 3. Sumale a Wainfeld, ¿4 más? Añadile la contratapa, ocasional, que serán otras 3. Alguna pavadita, una entrevista, El baúl de Manuel, la contratapa de Cash, muy pocas veces la contratapa de Turismo, si tenemos suerte, nada más, pirulo y chistes, ¿cuánto sale? Mínimo, te colaste, 25 páginas.
Si a esto le agregás las notas (muy interesantes) de Radar, las que querés leer por gusto ese domingo, el suplemento de Feinmann del peronismo (que lo leo entresemana o todo junto cuando se acumulan más de 5), me pregunto, ¿a quiénes se están dirigiendo con la colección reciente de Los 40 de Anagrama?
40 libros de la famosa editorial española, creía semanales, gracias a un dios, cada 14 días. Porque no tenemos tiempo.
Me pongo contento cuando sacan una colección de algo que no me interesa, llegan a ese punto, por ejemplo la colección completa de Bayer, que, todo bien con Osvaldo, pero no me voy a colar su legado en cuatro meses.
Pero no, a los señores se les ocurre sacar una colección más que muy súper interesante (¡a 9 pesos!) con los siguientes títulos, por orden cronológico:
César Aira: Váramo; Pedro Almodóvar: Patty Diphusa; Martin Amis: Visitando a Mrs. Nabokov; Paul Auster: La habitación cerrada; Alessandro Baricco: Los bárbaros; Djuna Barnes: Humo; Julian Barnes: La mesa limón y otros cuentos; Mario Bellatín: Damas chinas; Thomas Bernhard: Sí; Jean Baudrillard: La izquierda divina; Roberto Bolaño: La universidad desconocida (fragmentos); Pierre Bordieu: Sobre la televisión y otros artículos; Jane Bowles: Placeres sencillos; Charles Bukowski: Escritos de un viejo indecente y otros relatos; Raymond Carver: Catedral y otros cuentos; Noam Chomsky: El gobierno en el futuro; Colette: Dúo; Copi: Virginia Woolf ataca de nuevo; Roald Dahl: Relatos de lo inesperado; H. M. Enzensberger: El perdedor radical; Michel Foucault: Nietzsche, Freud, Marx; Witold Gombrowicz: Autobiografía sucinta, textos y entrevistas / Correspondencia con Jean Dubuffet; Michel Houellebecq: El mundo como supermercado; Ryszard Kapuscinski: La guerra del fútbol; Hanif Kureishi: Mi hermosa lavandería; V. I. Lenin: Testamento político; Pedro Lemebel: Loco afán; Groucho Marx: Las cartas de Groucho; Ian McEwan: Primer amor, últimos ritos; Vladimir Nabokov: Una belleza rusa; Amélie Nothomb: Cosmética del enemigo; Kenzaburo Oé: La presa; Alan Pauls: Historia del llanto; Ricardo Piglia: Prisión perpetua; Oliver Sacks: Un antropólogo en Marte y otros relatos; W. G. Sebald: Sobre la historia natural de la destrucción; San Shepard: El gran sueño del paraíso; Antonio Tabucchi: El ángel negro y otros cuentos; Tom Wolfe: Las décadas púrpuras; y Alejandro Zambra: Bonsai.
¿Cuándo quieren que lea esos libros?
Y algunos subestiman a Página/12 porque dicen que es oficialista.
Andá a comprar la colección de Aguinis.
Andá a comprar recetas de Francis Mallmann.
Andá comprar la Luz.
Andá a comprar la revista C.
Andá a comprar la Viva.
Andá a cagar.
10.9.09
el campito de incardona
Ráfagas de viento repentinas parecían sopladas a propósito, para que llevaran sobre los potreros la tristeza general y, quién dice, también las propias almas de los exploradores recién muertos. Las banderas, aunque estaban agujereadas, igual se doblaban por la fuerza del Matanzero, así que todos debieron bajarlas durante algunos minutos, mientras duró el fenómeno. A nuestro costado, el Riachuelo se aceleró, empujado por las corrientes de aire que lo picaban con pequeñas olas, como si fuera un mar. Las aguas revueltas traían a la superficie cosas del fondo, cosas viejas que se asomaban y después caían de nuevo en el líquido negro, objetos tan pasados por el agua y por los años que ya resultaba imposible reconocer qué habían sido exactamente en otra época, antes de ser arrojados al río. Lo que quedaba de ellos era, sobre todo, el mal olor, una pestilencia amarga casi insoportable, incluso para los habitantes del campito, que ya estábamos acostumbrados. Una vez que el Matanzero se calmó, volvimos a caminar. El movimiento sacudió los ánimos de las censistas, quienes iban aturdidas cargando el cuerpo de su compañera, y ahora la pena dio lugar a la bronca. Una o dos gritaron primero, jurando venganza, y enseguida a las demás les hirvió la sangre y todas se pusieron a gritar desaforadas, que cinco por uno no va a quedar ninguno, que paredón paredón a todos los gorilas que no quieren a Perón, y eran tan altas y agudas sus voces que te rompían los oídos y espantaban a los pájaros, perdices y teros que andaban cerca, en yuyos, cañas y arbolitos.
Juan Diego Incardona
El campito
La Batalla del Mercado Central (fragmento),
Mondadori, Julio 2009.
25.8.09
Claudio Díaz vs. Clarín

Este libro describe las relaciones políticas y comerciales del llamado “gran diario argentino” con representantes del poder mundial como Henry Kissinger y George Soros, que le permitieron constituirse en el grupo económico de medios más poderoso de Iberoamérica.
Superada la etapa en la que los poderes económicos mundiales avasallaban a los países a través de la vía militar, el sistema de dominación tiene hoy en los diarios y la televisión, en la radio y los canales de noticias, a sus nuevas fuerzas de ocupación. El Grupo Clarín es uno de los brazos ejecutores de este nuevo método de control, la llamada Mediocracia, que hace de la manipulación informativa y la difamación de sectores políticos, sindicales y sociales, particularmente el peronismo y el movimiento obrero, su práctica cotidiana.
Revela, por otra parte, su participación como promotor del proceso de sojización de la Argentina, para convertir al país en un eslabón de la llamada cadena agroalimentaria mundial. Asimismo, este trabajo de investigación incursiona en el análisis y la réplica del pensamiento político, básicamente colonial, que emana desde los diarios La Nación y Perfil y de la boca o la pluma de periodistas como Joaquín Morales Solá, Nelson Castro, Mariano Grondona, Magdalena Ruiz Guiñazú, Claudio Escribano, Eduardo Van der Kooy, Julio Blanck y Alfredo Leuco entre más de una treintena. En la historia de la prensa argentina se hace difícil encontrar un período como éste, en el que se presenta como modelo de honestidad e inmaculadez a un sector tan corrompido que en nombre del libre pensamiento y la independencia informativa ha bastardeado de manera escandalosa el ejercicio periodístico. Precisamente, Claudio Díaz, el autor de este Diario de guerra, renunció a su trabajo en el multimedios Clarín tras haber sido censurado por manifestar su pensamiento político, clara evidencia de que los grandes monopolios de la comunicación no ejercen ni permiten hacer uso de esa tan mentada libertad de expresión que dicen defender.El autor Claudio Díaz es periodista, escritor, docente e investigador de temas históricos. Inició su carrera a los 19 años como periodista deportivo en Crónica. Ganó el premio Odol pregunta al responder sobre fútbol. Hacia mediados de la década del ’80, al tiempo de iniciar su militancia en el peronismo, se volcó a la política. Fue redactor en las revistas El Despertador, El Periodista, El Porteño y Línea, además de Jefe de Redacción de Jotapé. Entre sus libros publicados sobresalen La Prensa canalla (como compilador e investigador); La ultraderecha argentina y Manual del Antiperonismo Ilustrado. Por una investigación sobre las sectas pentecostales financiadas por los Estados Unidos ganó el Premio de Periodismo Latinoamericano José Martí, en Cuba, donde fue recibido por Fidel Castro. En abril de 2008 renunció a su trabajo en Clarín, donde las autoridades le habían exigido que se retractara de unas declaraciones en las que acusó a ese diario de anudar relaciones con grupos de poder locales y extranjeros para atacar al Gobierno nacional. Dos semanas después de esa denuncia, un grupo comando ingresó a su casa de Haedo, aprovechando que él no se encontraba, y golpeó y amenazó de muerte a su madre, además de revolver su dormitorio y la sala donde trabaja. En la actualidad es columnista de las revistas Contraeditorial y La memoria de nuestro pueblo. Además publica sus artículos en los sitios de Internet: Nacional y Popular; Ida&Vuelta; El Ortiba; Pensamiento Nacional; Clan Recu-Perón; Mensaje Walsh; Agencia Paco Urondo y Qué te pasa Clarín, entre otros.
Fuente: eBlog

