El blog te supone editor; twitter, no. Si llegás a twitter en plan editor te morís con dos followers en la frente y pidiendo pista. Pocos son los que deciden sacarse un blog y mantenerlo, hay ahí un coraje, laburo, lo reconozco, sí. Pero un blog no te garantiza nada. Al menos no te garantiza que te la creas, tenés un blog, okey. Y cuál es.
Pero twitter es otra cosa, es gente normal, sin egos, es como sí la vida fluyera, pibes, pibas, comunes, sin resortes de divismo, pluralidad. Obvio que hay también mil quinientos twitteros que no empiezan, pero hay otros quinientos geniales.
Twitter se reinventa cada día y todo lo lindo que pasa en internet lejos del ego pasa en twitter, no en los blogs, perdón, pero es así.
En los blogs podemos hablar largo, filosofar. Esto es imposible de publicar en twitter, de hecho. Y son lindos los blogs, a mi me encantan, tengo un blog desde hace mucho. Pero la gente está en otro lado, y en twitter está mi favorita.
Alguna vez dije que Facebook es como el peronismo, nadie entiende bien qué es pero ahí está la gente. Ahora no sé si es tan así, el kirchnerismo mató hasta a Facebook Argentina. Las fotos familiares quedaron sepultadas en la proliferación de noticias, fotos tuteladas, mensajes internos, convocatorias, recomendaciones de me gusta algo.
Mariano Hamilton contó que Fabían Casas decía que twitter, o esas tecnologías, no recuerdo, eran “el fin de la experiencia”. Está bien, tiene punch, está vivo eso. Pero es mentira.
La única red social que está viva es twitter, todo lo demás es paja.
En poco tiempo twitter me organizó una fiesta en casa sin que yo sepa demasiado qué era: @laninasanta me metió usuarios que hicieron fuego, cocinaron, discutieron, se durmieron, bailaron, me dejaron postales de Evita que hice circular con mi canillita amigo metidas en los Clarín. Gente hermosa.
Gracias a Twitter volví a jugar al fútbol: @berenjenal organizó dos (vamos por el tercero) partido con gente real que patea, se lesiona a los dos minutos, no viene, corre, se esfuerza.
Alguien como @elfaco organiza una rispé, absolutamente transversal, fiesta larga y multicultural, y van todos, y todos nos conocemos, al menos, más o menos.
Twitter más que la perdida de la experiencia es la posibilidad de no estar solo cuando estás solo y una multiplicidad de espacios de recreación reales imposibles de lograr de otra forma.
No sé, fijate.