4.9.08

San Monner Sans

“Como se dice por ahí: un vaso de agua y una denuncia de Monner Sans no se le niegan a nadie.” Cristina Fernández de Kirchner, Presidenta de la República Argentina.

El juez federal Norberto Oyarbide y el fiscal Patricio Evers quedaron a cargo de la primera presentación judicial que apunta a impedir que el Gobierno cancele la deuda con el Club de París, utilizando reservas monetarias del Banco Central. La presentación fue realizada por el ex diputado Mario Cafiero y por el abogado Ricardo Monner Sans, quienes además pidieron que se investigue a los funcionarios que firmaron el decreto que dispone el pago, entre ellos, la Presidenta.
Oxigená Monner Sans. Todo el día buscando algo. Todo el tiempo haciendo presentaciones. No puede ser que todo sea causal de investigación. No nos hagas gastar más plata. Cada causa que abrís suma más trabajo a un poder judicial hipersaturado. Una vez por semana desde hace 10 años vas a tribunales y hacés una denuncia. Te creés que vivís en Noruega. Todas las noches te vas a dormir con la constitución, te la sabés de memoria ya. Presentá un proyecto de ley, presentate a legislador. Estás todo el tiempo poniendo palos en la rueda, impidiendo, cercenando lo que hacen los otros. Una presentación de vez en cuando, homeopática, te da un sesgo de dignidad y respeto, pero una presentación por semana es irresponsable, te tira abajo. Sos carne de cañón de los medios retrógrados y de la clase media discursera. Sos el hijo dilecto de Nelson Castro y Magdalena Ruiz Guiñazú. Todos los días te levantás temprano para hablar con las radios. ¿Nunca trasnochás? ¿Nunca te acostás tarde? ¿Nunca te ponés un jogging? Siempre tenés que usar esos trajecitos. Monner Sans, que apellidito pegaste. Te vamos a investigar, te vamos a meter una denuncia, una inhabilitación, 10 gramos de merca, te vamos a abrir una causa, te vamos a meter preso, en una condena ejemplar y te vamos a condenar a cárcel común, si seguís así. Reflexioná. Presentaciones. Sobre el Tren Bala, sobre el Aerolíneas, sobre las retenciones inconstitucionales, sobre el Narcotráfico, sobre la censura a la prensa libre, sobre los fondos de Santa Cruz, sobre el consejo de la magistratura, sobre el Indec, sobre la mar en coche. Todo es cuestionable para vos, abogado constitucionalista, probo, derecho, honesto y respetable. Tomate unas vacaciones, andate un fin de semana a la costa, relajate, tu mujer no te aguanta más, hacés una presentación porque se acabó el aceite de oliva, los vecinos del edificio están podridos de que vayas a la administración casa 5 días para hacer un denuncia contra el vecino del noveno be, hacete una escapada a las sierras, decile a tu canillita que no te mande más La Nación por unos meses, no escuchés más toooodas las radios, tenés TN las 24 horas prendido, estás pendiente de todo lo que pudiese llegar a ser un delito para ponerte el ambo más cuadriculado que encontrás en el vestidor y mandarte campante y triunfal a Tribunales a hacer una presentación. ¿Te confieso algo? Las chicas de la mesa de entradas te odian, hablan mal de vos, dicen que no tenés nada que hacer, que no tenés vida, que sos amigo de Pepe Eliaschev. Dejá de molestar a las pobres chicas que se quieren fumar un pucho, comerse la ensaladita y chusmear un poco. Hacenos el favor de tomarte unas merecidas vacaciones.

22 comentarios:

MP dijo...

Denunciador de profesión, adicto a la notoriedad. Tiene puesto fijo en algunos medios de prensa. Figurita repetida tipo Mondino. Poco serio.
MP

Enrique Martín dijo...

Brillante, Amenábar, pero ¿qué sería del gorilaje de izquierda sin un gil a cuadros como Monner?
El otro día recibió en su estudio un exhorto judicial que lo exhortaba a cortarla con su pedido de pruebas de insurrección contra Yrigoyen, que la causa ya prescribió, le dijeron, y le advirtieron que el próximo exhorto se lo colocarán exactamente ahí. Yo he conocido dolobus de todo calibre. Monner es un top ten, te lo juro ¡Otra que Lozano!
monogatica.blogspot.com

Libreta de flores dijo...

recontramil gracioso, al punto de lágrimas en los ojos.

Todos Unidos Triunfaremos dijo...

Jajajaajajaja este es el máximo exponente de la doctrina del "rompepelotismo"; desde q tengo uso de razon anda denunciando todo, y como es radical (el hijo esta en Franja Morada en UBA Derecho) ahora aprovecha el sindrome del cleto para que su centenario partido siga ganando notoriedad malhabida.
Esta gente no cambia más. Si quieren notoriedad q laburen en serio.
Take it easy Richard, sino te va a agarrar un patatús
Saludos

Charlie dijo...

O sea ustedes estan a favor del pago de la deuda? me intriga muchisimo

Juan Francisco dijo...

Grande Richard!! al fin una buena denuncia!! Estos kirchner malhabidos con sus mas de 17 millones de dolares en su billetera, a costa de darles a muchos pobres de dinero y peor aun, de raciocinio, unos planes trabajar, una heladera o tan solo el chori y la pepsi!!!
Lo bueno de las denuncias es para decirnos a los argentinos que somos bastantes pelotudos...pero no tanto, que se nos puede robar, pero no abusar. No jodan mas Nestor y Cris, un poco de honorabilidad y humildad a su bastardeada gestion!! Por favor!!

natanael amenábar dijo...

Juan Francisco se refiere a que, según Crítica Digital:

"El fiscal Federico Delgado impulsó una investigación para determinar irregularidades en la adquisición de esa fortuna, denunciada por el abogado penalista Ricardo Monner Sans, a raíz de una nota publicada el 27 de julio en Crítica de la Argentina."

Y encima nos enteramos que:
"Los ingresos del matrimonio fueron, el año pasado, de $7.027.806 (585.650 pesos por mes)", se explicó en la nota elaborada con información de la Oficina Anticorrupción, organismo también denunciado por Monner Sans."

Basta Monner, denunciar por corrupción a la oficina Anticorrupción es llevar las cosas demasiado lejos!

Si pagar la deuda significa sacarse de encima al FMI, se paga con gusta, ganas, al contado, cash, todojunto, y a otra cosa, mariposa.

Es buenísimo leer a la oposición decir que esto "lo hace el gobierno para que el FMI no se meta" como algo malo.

Gladys dijo...

Obsesivo compulsivo?

Yo que vos abro una encuesta o algo así para que todos podamos sugerir destinos turisticos para MS,
Córdoba sería el indicado para mí, y cuando le agarra el impulso denuncístico se manda para el Uritorco y meta sube y baja el cerro hasta que se le pasa.

Ojo que M. Cafiero no le anda muy lejos, eh?

Staff de Bla Bla Bla dijo...

Viva Emo Perón!

Dardo dijo...

A mí Monner Sans me da mucha pena.
La sobresaturación de trabajo que tiene es para tapar algo, evidentemente. Y por su fanatismo por abrir una causa día por medio, me da a pensar que es algo muy fulero.

Pobre Monner Sans.
Pobrecito.

Horacio dijo...

juaaaa, buenísimoooo!!!!

yo le tendría que hacer un post a mi estilo a este pesado

y pensar que yo hasta los 20 años viví en el pasaje ricardo monner sans... nadie lo escribía bien, la puta madre

Lucas Carrasco dijo...

Casi termino llorando de la risa.

Hace como 15 días lo vi en el restorant de un hotel acá en paraná, eran como las 12 de la noche y lo primero que pensé, es eso: este tipo no puede estar levantado a esta hora, mirá si mañana te llama Magdalena.

Anónimo dijo...

Buenos Aires, abril-junio de 1972
Trácense las líneas generales como una narración de Borges.
El dictador es derrocado y más de la mitad del pueblo se alegra d,e ello. El dictador había llenado las cárceles y vaciado la tesorería. Al igual que muchos dictadores, no había empezado mal. Quería engrandecer su país. Pero él no era un gran hombre; y quizás no era posible engrandecer el país. Transcurren diecisiete años. El país sigue sin grandes hombres; la tesorería sigue vacía; y el pueblo se encuentra al borde de la desesperación. Empieza a recordar que el dictador tenía una visión de la grandeza del país y que era un hombre fuerte; empieza a recordar que había dado mucho a los pobres. El dictador está en el exilio. Comienza la agitación popular para que vuelva. Ahora el dictador es muy viejo. Pero el pueblo recuerda también a la esposa del dictador. Ella amaba a los pobres y odiaba a los ricos, y era joven y hermosa. Y ha seguido siéndolo, porque murió joven, en plena dictadura. Y, milagrosamente, su cuerpo no se ha descompuesto. ~
“Esa",. dijo Borges, «es una historia que yo nunca podría escribir».
Mas a los setenta y seis años, y después de diecisiete de proscripción y exilio, Juan Perón, desde' el barrio residencial de Madrid conocido por Puerta de Hierro, dicta las condiciones de paz al régimen militar de la Argentina. En 1943, cuando era un coronel del ejército que predicaba un nacionalismo feroz, Perón se convirtió en un poder en la Argentina; y de 1946 a 1955, gracias a dos victorias electorales, gobernó como dictador. Su esposa, Eva, no ocupaba ningún cargo oficial, pero gobernó con Perón hasta 1952. En aquel año murió. Fue embalsamada costosamente y ahora su cadáver está con Perón en Puerta de Hierro.
En 1956, sólo un año después de ser depuesto por el ejército, Perón escribía desde Panamá: ,«Me preocupaba que algún hombre inteligente se hiciera con el poder.» Ahora, después de ocho presidentes, seis de ellos militares, la Argentina se halla en un estado de crisis que ningún argentino acaba de explicarse. El poderoso país, tan extenso como la India y con una población de veintitrés millones, rico en ganado y grano, petróleo patagónico y toda la riqueza mineral de los Andes, navega inexplicablemente a la deriva. Todo el mundo se siente descontento. Y de pronto casi todo el mundo es peronista. No sólo los trabajadores, con los que Perón fue generoso en los primeros tiempos, sino también los marxistas e incluso los jóvenes de la clase media, cuyos padres recuerdan a Perón como tirano, torturador y ladrón.
El peso se ha ido al infierno: de 5 pesos por dólar en 1947 ha pasado a 16 en 1949, 250 en 1966, 400 en 1970,420 en junio del año pasado, 960 en abril del año en curso, 1.100 en mayo. La inflación, que se ha mantenido en un 25 por ciento invariable desde los tiempos de Perón, ha saltado ahora a un 60 por ciento. Los bancos ofrecen un interés del 24. por ciento. La inflación, cuando alcanza esta fase
de despegue, sólo es buena para el negocio de los seguros contra incendios. Suben las primas y baja el valor de los siniestros. Cuando los precios se alejan galopando semana tras semana, no es frecuente, por alguna razón, que se produzcan incendios.
Para todos los demás es una pesadilla. Resulta casi imposible reunir capital; . e incluso si se reúne y uno piensa comprarse un piso, una semana de demora puede costarle doscientos o trescientos dólares americanos (muchos hombres de negocios prefieren comerciar en dólares). Salarios, precios, el tipo de cambio: todo el mundo habla de dinero, todos los que pueden permitírselo compran dólares en el mercado negro. Y pronto hasta el visitante se ve afectado por la histeria. En dos meses una habitación de hotel sube de 7.000 pesos a 9.000, una lata de tabaco de 630 a 820. El dinero hay que cambiarlo en pequeñas cantidades; es necesario vigilar el mercado. Un día el peso cae hasta 1.250 por dólar. ¿ Es esto un fenómeno anormal o el comienzo de una nueva baja? Titubear aquel día significaba perder: el peso rebotó y quedó en 1.100. «Empiezas a tener la sensación», dice Norman Thomas di Giovanni, el traductor de Borges, que ha llegado al final de su estancia de tres años en Buenos Aires, «que estás pasando los mejores años de tu vida en casa del cambista. Voy allí algunas tardes igual que otras personas van de compras. Sólo para ver qué se ofrece» ..
Los aumentos generales de salarios que el gobierno decreta de vez en cuando -el 15 por ciento en mayo y otro 15 por ciento prometido para dentro de poco- no consiguen seguir el ritmo de los precios. «Hemos llegado hasta el punto», dice la esposa del embajador, «de que podemos calcular el tiempo que transcurrirá entre el aumento de los jornales y el aumento de los precios». La gente busca un segundo empleo y a veces hasta un tercero. A todo el mundo le obsesiona la necesidad de ganar más dinero y, al mismo tiempo, de gastado rápidamente. La gente juega. Incluso en la conservadora ciudad andinade Mendoza el casino está lleno; .los clientes son principalmente gente trabajadora cuyo sueldo mensual medio es el equivalente de cincuenta dólares. Las colas que se forman por todo Buenos Aires los jueves son de personas que esperan el momento de entregar los cupones de las quinielas. El anuncio de los resultados de las quiniela s es un acontecimiento nacional cada semana .
El . caso espectacular de un peón paraguayo que ganó unos 330 millones de pesos disipó una crisis política a mediados de abril. Se habían registrado disturbios en Mendoza y el ejército había sido puesto en fuga. Luego, la semana siguiente, un grupo guerrillero de Buenos Aires mató al gerente de la Fiat diez días después de habede secuestrado. El mismo día, en la cercana ciudad industrial de Rosario, los guerrilleros tendieron una emboscada y mataron al general Sánchez, comandante del Segundo Cuerpo de Ejército, que tenía cierta reputación de torturador. La sangre llamó a la sangre: hubo elementos en las fuerzas armadas que, en vista de lo sucedido, quisieron interrumpir las negociaciones con Perón y anular las elecciones prometidas para el próximo año. Pero la fortuna del paraguayo alargó todas las conversaciones, reavivó el optimismo y calmó los nervios. La pequeña crisis pasó.
Los guerrilleros todavía atacan, roban y dinamitan; todavía secuestran de vez en cuando y matan también de vez en cuando. Los guerrilleros son jóvenes y de clase media. Algunos son peronistas, otros son comunistas. Después de tantos atracos a bancos las diversas organizaciones son ricas. El año pasado en Córdoba, según mi información, un estudiante que se alistó en los montoneros, que son peronistas, cobraba el equivalente de 70 dólares mensuales; a los abogados se les ajustaba por 350 dólares. «A los jóvenes montonero s podías distinguidos por sus automóviles, su agresividad, su ostentación. Tipos a lo James Dean. Muy atractivos.» Otro testigo independiente dice lo que sigue sobre los guerrilleros que ha conocido en Buenos Aires: «Son antiamericanos. Pero uno de ellos ocupaba un cargo importante en una compañía americana. Son gente de personalidad escindida; algunos de ellos realmente no saben quiénes son. Se ven a sí mismos como una especie de héroe de revista de "comics". De día, Clark Kent en la oficina; de noche, Superman con una pistola. » Una vez has tomado una decisión [dice la mujer de treinta años] te sientes mejor. Muchas de mis amistades están por la revolución y se sienten mucho mejor. Pero a \~eces son como críos obsesionados por el futuro. El otro día fui al cine con mi amigo. Tiene unos treinta y tres años. Fuimos a ver Sacco and Vanzetti. Al terminar la película, dijo: «Me da vergiienza no ser un guerrillero.* Tengo la sensación de ser cómplice de este gobierno, de esta forma de vida.» Yo le dije: «Pero a ti te falta la violencia. Un guerrillero tiene que ser despejado ... no debe tener demasiada imaginación ni sensibilidad. Tienes que hacer lo que te ordenan. De lo contrario, nada sale bien. Es como una religión, un dogma.» Y de nuevo dijo él: «¿No sientes vergtienza?»
El cineasta dice: Creo que después de Marx la gente es muy consciente de la historia. La decadencia del colonialismo, la aparición del Tercer Mundo ... la gente se ve a sí misma interpretando un papel En este proceso. Esto. resulta tan peligroso como ,no tener ninguna visión de la historia. Envanece mucho a las personas. Viven en una especie de capullo de seda intelectual. Quítales la palabrería y la idea de la revolución y la mayoría se quedarían sin nada.
Los guerrilleros miran hacia el norte en busca de inspiración. Del París de 1968 les llega el sueño de estudiantes y obreros uniéndose para derrotar a los enemigos «del pueblo». Los guerrilleros han simplificado los problemas de la Argentina. Al igual que los revolucionarios de salón y de «campus» que hay en el norte, han identificado al enemigo: la policía. y de esta manera las diversiones socio-intelectuales del norte se transforman en una horrible realidad en el sur, intelectualmente menos estable. Docenas de policías han muerto de forma violenta. Y la policía responde al terror con el terror. También la policía secuestra y mata; tortura, concentrándose en los genitales. Un prisionero de la policía se tira por una ventana: La Prensa le dedica unas líneas. Se detiene a varias personas y luego, oficialmente, se las «pone en libertad»; a veces reaparecen; otras veces, no. Una mañana se descubre una furgoneta quemada en una calle. Dentro hay dos cadáveres carbonizados: hombres a los que habían arrancado de sus hogares dos días antes. «¿En qué clase de país vivimos?», pregunta una de las viudas. Pero al día siguiente está más calmada; retira la acusación contra la policía. Alguien la ha «visitado».
«Amigos de amigos míos me traen estas historias de atrocidades», dice Norman di Giovanni, «Y te asquean. Sin embargo, aquí nadie parece asombrarse ante lo que está pasando». «El primo de mi esposa era guerrillero», dice durante el almuerzo el hombre de negocios provinciano. «Mató a un policía en Rosario. Luego, hace ocho meses, desapareció. Está muerto.» No tiene nada más que decir al respecto; y nos ponemos a hablar de otras cosas ..
Algunas tardes los soldados con botas y chaquetas de cuero negro patrullan con sus perros lobos por la calle Florida, donde hay muchos comercios y el tráfico rodado está prohibido: los perros caminan con el rabo pegado a las patas, encorvado el lomo, alzadas las orejas. Los Chevrolets de la policía recorren lenta, incesantemente, las calles iluminadas por el neón. Por todas partes hay policías armados con ametralladoras. Y también hay policías montados con sus uniformes color gris pizarra; y la brigada antiguerrilla, con sus cascos azules y sus motocicletas; yesos jóvenes de traje bien cortado, los de la secreta, que aparecen súbitamente saltando de coches sin matrícula. Añádanse los tanques AMX y los helicópteros Alouette del ejército. Es un aparato impresionante, y funciona ..
Es como si ahora el Estado empleara su energía en mantener unidas sus propias fuerzas. La ley y el orden se han convertido en un objetivo en sí mismos: forman parte de la esterilidad y el derroche argentinos. La gente es valiente; tortura y es torturada; muere. Mas éstos son acontecimientos priva~ dos, dispersos, silenciados por una prensa que es libre pero inadecuada, que parece incapaz de detectar una pauta en los sucesos de los que informa. y quizás la prensa tiene razón. Quizás muy poco de lo que ocurre en la Argentina es verdaderamente noticia, porque no hay ningún movimiento de avan7 ce; no se está resolviendo nada. la nación parece jugar consigo misma; y la vida política argentina es igual que la vida de una comunidad de hormigas o de una tribu de la selva africana: llena de acontecimientos, llena de crisis y de muertes, pero la vidano es más que un cielo y el año siempre termina como empieza. Ni siquiera el general Sánchez provocó una crisis con su muerte. Torturó en vano, murió en vano. Sencillamente vivió cincuenta y tres años y, pese a su elevado cargo, no ha dejado rastro. Los acontecimientos son más grandes que los hombres. Sólo un hombre parece capaz de imponerse, de alterar la historia ahora como la alteró en el pasa· do. y este hombre espera en Puerta de Hierro. La pasión cegó a nuestros enemigos [escribía Perón en 1956] y los destruyó ... La revolución [que me derrocó] no tiene causa, porque es solamente una reacción ... Los militares gobiernan, pero nadie obedece realmente. El caos político se acerca. La economía, dejada a la administración de los oficinistas, empeora día a día y .:. la anarquía amenaza el orden sociaL .. Estos dictadores que no saben demasiado y que ni siquiera saben adónde van, que se mueven de crisis en crisis, acabarán perdiéndose en un camino que no conduce a ninguna parte. Se anticipa el regreso de Perón, o el triunfo del peronismo.Se calcula que los argentinos ya han sacado del país entre seis mil y ocho mil millones de dólares. «La gente no se compromete», dice la esposa del embajador. «y debe recordar usted que quien tenga dinero no es argentino. Sólo la gente que no tiene dinero es argentina.»
Pero incluso· cuando se tienen riqueza y seguridad, incluso cuando se han trazado planes para la fuga, incluso, por ejemplo, en esta elegante cena en el Barrio Norte, irrumpe la pasión. «Me muero», dice de pronto la señora, apretando los puños. «Me muero ... me muero ... me muero. Esto ya no es vida. Todo el mundo se aferra a lo que puede. Este lugar está muerto. A veces me acuesto después de almorzar y me quedo en cama.» El anciano mayordomo lleva guantes blancos; todo el artesonado de la habitación' se importó de Francia a principios de siglo; (Qué fácil y rápida esta aristocracia argentina, qué breve su vida tranquila.) «Las calles están ]evantadas, las luces están bajas, los teléfonos no contestan.» Circula ]a marihuana (cuarenta y cinco dólares por e] último medio kilo); el ambiente no se altera. «~sta solía ser una gran ciudad y un gran puerto. Hace veinte años. Ahora está jodida, muchacho. »
También entre los intelectuales y artistas, los mejores, que no le tienen miedo a] mundo exterior, cunde este gran temor de verse atrapados en la Argentina y de no poder salir, de que sus años creativos se malogren por cu] pa de una revolución por la que uno no puede _sentir ningún interés o por culpa de una dictadura con malas pulgas, o simplemente por culpa del caos. La inflación y la caída del peso ya han atrapado a muchos .. Menchi Sábat, e] dibujante de «comics» más brilla.nte del país, dice: «Nos resulta más fácil estar en la luna gracias a la televisión. Pero no conocemos Boliviá o Chile, ni siquiera el Uruguay. ¿La razón? El dinero. Lo que estamos viendo ahora es una especie de frenesí colectivo. Porque antes aquí siempre era fácil conseguir dinero. Ahora estamos aislados. No es fácil que la gente de afuera comprenda ]0 que significa esto.»
La temporada de invierno aún empieza en mayo con la ópera en el Teatro Colón; y las butacas de platea, a veintiún dólares, se agotan rápidamente. Pero el país ha sido despojado de su mito más precioso, el mito de la riqueza, una riqueza que en otros tiempos era tan grande, te dicen los argentinos, que matabas una vaca y te comías sólo la lengua, y el viajero que cruzaba la pampa era libre de matar y comerse cualquier vaca, con ]a única condición de que dejase el pellejo para el terrateniente. ¿ Son dos metros y medio de capa superior del suelo los que tiene la pampa húmeda? ¿O son tres o cuatro? Tan rica, la Argentina; tanta suerte, con la tierra.
En 1850 había menos de un millón de argentinos; y el territorio indio empezaba unos ciento sesenta kilómetros al suroeste de Buenos Aires. Luego, hace menos de cien años, en una carnicería que duró seis años, los indios fueron perseguidos y exterminados; y la pampa empezó a ceder su tesoro. Vastas estancias en la tierra robada, ensangrentada: una súbita y celosa aristocracia colonial. Añádanse los inmigrantes, una fuerza laboral: en 1914 había ocho millones de argentinos. Los inmigrantes, principalmente del norte de España y del sur de Italia, llegaron no para ser pegujaleros o pioneros, sino para servir en las estancias y en el puerto, Buenos Aires, que servía a las estancias. Una vasta y floreciente economía colonial, basada en la ganadería y el trigo, y vinculada al imperio británico; un proletariado urbano tan repentino como la aristocracia estanciera; toda una sociedad súbita y artificial impuesta a la tierra llana, desolada.
Borges, en su poema- de 1929 titulado Fundación mítica de Bu~nos Aires, recuerda la expansión proletaria de la ciudad:
Una cigarrería sahumó como una rosa
el desierto. La tarde se había ahondado en ayeres, los hombres compartieron un pasado ilusorio. Sólo faltó una cosa: la vereda de enfrente.
A mí se me hace cuento que empezó Buenos Aires:
La juzgo tan eterna como el agua yel aire.
La ciudad a medio hacer se halla dentro del recuerdo de Borges. Ahora, ya, hay decadencia. El imperio británico se ha retirado ordenadamente; y la economía agrícola colonial, tratando de industrializarse de cualquier modo, de equilibrarse y ser autónoma, está en ruinas. La artificialidad de la sociedad muestra: esa ausencia·· de vínculos entre hombres y hombres, entre inmigrante e inmigrante, aristócrata y artesano, habitante de la ciudad y cabecita negra, es decir, el habitante del interior; esa ausencia de un vínculo entre los hombres y la tierra llana, sin sentido. Y los pobres, que son argentinos, los hijos y nietos de aquellos inmigrantes recientes, ahora tendrán que quedarse ...
Siempre han tenido sus curanderos y sus brujas; saben cómo protegerse contra los fantasmas y los espíritus chocantes con que han poblado la tierra extraña. Pero ahora se necesita una fe más grande, algún conocimiento de una divinidad protectora. Sin fe, estos españoles e italianos abandonados enloquecerán ..
A finales de mayo una iglesia de Buenos Aires anunció una misa especial contra el mal de ojo. «Si habéis sido perjudicados, o si creéis que os están perjudicando, no dejéis de acudir.» Cinco mil ciudadanos se presentaron en el templo, muchos de ellos en automóvil. Había media docena de tende-' retes donde vendían objetos sagrados o benéficos; había cubículos para las consultas médico-religiosas, de treinta centavos a un dólar la sesión. Aquello se parecía un poco al mercado de una mañana de sábado. El sacerdote oficiante dijo: «Cada individuo es una fuente individual de poder y está sujeto a olas mentales imperceptibles que pueden ocasionar mala salud o aflicción. Ésta es la señal visible del espíritu maligno.»
«Me cuesta creer que estamos en 1972», dice el editor-librero. «Me da la impresión de que todavía estamos en el año cero.» No lo dice en son de queja; él mismo comercia con el ocultismo y lo místico, y su negocio va viento en popa. Quizás sea la imitación que la clase media argentina hace' de Europa y de los Estados Unidos. Pero, a un nivel más bajo, invade· el país el nuevo y entusiasta culto del espiritismo, un asunto puramente nativo de médium s y trances en masa y curas milagrosas que pretende contar con el patronazgo de Jesucristo y del Mahatma Gandhi. Los espiritistas no hablan de olas mentales; sus médiums curan transmitiendo «fluidos» benéficos intangibles. Los espiritistas dicen haber abandonado la política y veneran a Gandhi por su no violencia. Creen en la reencarnación y en la perfectibilidad del, espíritu. Dicen' que el purgatorio y el infierno existen ahora, en la tierra, y que la únic,a esperanza del hombre reside en nacer en un planeta más evolucionado. Su meta es esa vida, en un mundo incorpóreo «definitivo», donde solamente se congregan espíritus superiores .
. Desesperación: un rechazo de la tierra, un sueño de nulidad. Pero alguien ofrece esperanza; alguien pretende resantificar el país, Con Perón en Puerta de Hierro se encuentra José López Rega, que ha sido su compañero y secretario privado durante todos los años del exilio. De Rega se sabe que tiene inclinaciones místicas y se interesa por la astrología y el espiritismo; y se dice que ahora es un hombre de gran poder. Una entrevista con él llena diez páginas de un número reciente de Las Bases, la nueva publicación peronista que aparece cada quince días. Los argentinos son de muchas razas, dice Rega; pero todos tienen antepasados nativos. La mezcla racial argentina ha sido «enriquecida por sangre india» y la «Madre Tierra lo ha purificado todo ... Yo lucho por la libertad», prosigue Rega, «porque así es como estoy hecho y porque siento que dentro de mí se mueve la sangre del indio, al cuál pertenece esta tierra». Ahora bien, a pesar de' su vaguedad y de su ironía inconsciente, ésta es una afirmación asom-
brosa, toda vez que, hasta la crisis actual, el argentino se sentía orgulloso porque su país no estaba «lleno de negros» como el Brasil ni era mestizo como Bolivia, sino que era europeo; y' le angustiaba de manera especial la posibilidad de que los extranjeros pensasen que los argentinos eran indios. Ahora se invoca el fantasma del indio y se hace una reivindicación mística, purificadora, de la tierra arruinada.




...Otros ofrecen programas políticos y económicos, como siempre los han ofrecido. Perón y el peronismo ofrecen fe.
y tienen una santa: Eva Perón. «Recuerdo muy bien que estuve muchos días triste», escribió . en 1952, en La razón de mi vida, «cuando me enteré que en el mundo había pobres y había ricos; ylo extraño es que no me doliese tanto la existencia de los pobres como el saber que al mismo tiempo había ricos». Fue la base de su acción política. Predicaba un odio y un amor sencillos. Odio a los ricos: «¿Debemos incendiar el Barrio 'Norte?», les decía a las multitudes. «¿Tengo que darles fuego?» Y amor al pueblo: utilizaba esta palabra una y otra vez, y la convirtió en parte integrante del vocabulario peronista. Exigía tributo a todos para la Fundación Eva 'Perón; y permanecía hasta las tres, las cuatro o las cinco de la madrugada en el Ministerio de Trabajo, regalando dinero de la fundación a los suplicantes, dispensando una justicia personal. E.sta era su«labor»: una visión infantil del poder, la justicia y la venganza.
Murió en 1952, a los treinta y tres años. Y ahora en la Argentina, después de los años de proscripción, del intento de extirpar su nombre, vuelve a ser una presencia. Sus retratos aparecen por doquier, retocados, raramente nítidos, y con frecuencia son deliberadamente chillones, como estampas religiosas destinadas a los pobres: una mujer joven y muy bella, de pelo rubio, piel muy blanca y los labios rojos, muy rojos, de los años cuarenta.
Era del pueblo y de la tierra. Nació en 1919 en Los Toldos, la más aburrida de las poblaciones de la pampa, edificada donde antes había un campamento indio, a 240 kilómetros al oeste de Buenos Aires. El pueblo da la impresión de monotonía, de hallarse totalmente expuesto bajo el alto cielo. Las polvorientas casas de ladrillos, rojos o blancos, son bajas, de fachada y tejado llanos, con alguna que otra balaustrada; los árboles, paraísos, tienen el tronco enjabelgado y aparecen severamente desmochados; las calles anchas, lejos del centro, siguen siendo de tierra.
Era hija ilegítima; era pobre; y durante los primeros diez años de su vida vivió en una casa de una sola habitación que todavía existe. A los quince años se fue a Buenos Aires con la intención de ser actriz. Su dicción era mala; su gusto en el vestir era propio de una chica de provincias; sus senos eran muy pequeños, sus pantorrillas eran macizas Y sus tobillos tiraban a gruesos. Pero antes de que hubieran transcurrido tres meses consiguió su primer empleo. y a partir de aquel momento se abrió paso a fuerza de encanto. Cuando tenía veinticinco años conoció a Perón; al año siguiente se casaron.
Su aspecto de chica corriente, su belleza, su éxito: todo ello contribuyó a su santidad. Y su atractivo sexual. «Todos me acosan sexualmente», dijo una vez con irritación, en sus días de actriz. «Todo el mundo se tira un lance conmigo.» Erá el ideal machista de mujer-víctima ... ¿acaso aquellos labios rojos no siguen hablándole al macho argentino de su supuesta habilidad para la {elación? Pero no tardó en estar más allá del sexo y ser pura otra vez. A los veintinueve años se moría de cáncer del útero y sufría hemorragias vaginales; y su cuerpo llenito empezó a consumirse. Hacia el final de sus días pesaba treinta y seis kilos. Un día miró unas viejas fotografías oficiales suyas y rompió a llorar. Otro día se vio en un espejo largo y dijo: «i Cuando pienso en lo que sufrí para mantener las piernas esbeltas! Ahora que me veo estas piernitas me asusto. Ahora me da miedo mirar estas cerillas.»
Pero políticamente nunca se debilitó. La revolución peronista iba mal. La riqueza que la Argentina había acumulado durante la guerra se estaba agotando; la economía colonial, no regenerada, saqueada, mal administrada, empezaba a irse a pique; el peso caía; los obreros, a los que tanto se había dado, no siempre eran leales. Pero ella seguía acariciando su dolor especial ante el hecho de que «había ricos». Ya cerca de la muerte, dijo en una reunión de gobernadores provinciales: «No debemos prestarle atención a la gente que nos habla de prudencia. Tenemos que ser fanáticos.» El ejército daba muestras de una agitación creciente. Ella estaba dispuesta a desafiarlo. Quería armar a los sindicatos; y, efectivamente, por mediación del príncipe Bernardo de Holanda, compró 5.000 pistolas automáticas y 1.500 ametralladoras. Cuando llegaron las armas, Perón, más prudente, se las dio a la policía.
Y en todo momento su tragedia privada se convertía en el drama público de la Pasión de la dictadura. Desde hacía tiempo se había decretado la santidad para ella, que había convertido el peronismo en una religión; y se dice que durante los quince días que precedieron a su muerte estuvo con ella el hombre que debía embalsamarla, para tener la certeza de que no le hicieran nada que estropease su cuerpo. En cuanto murió se firmó el contrato de embalsamamiento. ¿Fue por 100.000 o por 300.000 dólares? Las informaciones son confusas. El doctor Ara, que así se llamaba el embalsamador español -«maestro», le llamó Perón-, primero tuvo que preparar el cadáver para que permaneciera expuesto en capilla ardiente durante quince días. El embalsamamiento propiamente dicho tardò seis meses en quedar finalizado. El proceso que se utilizó sigue siendo secreto. Según un periódico de Buenos Aires, el doctor Ara ha dedicado dos capítulos de sus memorias (que no se publicarán hasta después de su muerte) al embalsamamiento de Eva Perón; también se nos prometen fotografías en color del cadáver. Corren rumores de que primero se sustituyó la sangre por alcohol y luego por glicerina calentada (Perón dice «parafina y otras materias especiales»), la cual se inyectó a través de un talón y una oreja.
«Tres veces fui a mirar a Evita», escribía Perón en 1956, después de su derrocamiento y cuando el cuerpo embalsamado había desaparecido. «Las puertas ... eran como las puertas de la eternidad.» Tuvo la impresión de que sólo dormía. La primera vez que fue a verla quiso tocarla, pero temió que al contacto de su mano cálida el cuerpo se transformase en polvo. Ará dijo: «No se preocupe. Está tan intacta ahora como en vida.»
Y ahora, veinte años después, su cuerpo embalsamado y consumido, perdido una vez y vuelto a encontrar, y no mayor, dicen, que el de una niña de doce años, sólo el rubio pelo tan abundante como antes de enfermar, espera con Perón en Puerta de Hierro.
Fue una sorpresa encontrar esta villa miseria o barrio de chabolas a poca distancia del río de aguas pardas que pasa por el distrito de Palermo, no lejos del gran parque, equivalente porteño del Bois de Boulogne, donde la gente practica la equitación. Un barrio de chabolas con las calles sin asfaltar y negros riachuelos de porquería, pero los edificios eran de ladrillo, a veces con un piso superior: un lugar asentado, construido hacía más de quince años, con tiendas y letreros. Vivían allí setenta mil personas, casi todas indias, de aspecto inexpresivo y ligeramente imbécil, procedentes del norte y de Bolivia y el Paraguay; por lo que de pronto te venía a la memoria q"\.le no estabas en París o en Europa, sino en la América del Sur. El cura era uno de los «Sacerdotes para el Tercer Mundo». Llevaba una chaqueta de cuero negro y en las paredes de su pequeña iglesia de cemento, demasiado sencilla, casi un cobertizo, retumbaban los sones amplificados de alguna canción argentina. Me habían susurrado que el cura era de muy buena familia; y quizás el cambio de compañía le había hecho vanidoso. Era peronista, por supuesto, y decía que todos sus indios lo eran también. «Sólo un argentino puede entender el peronismo. Puedo pasarme cinco años hablándole a usted del peronismo, pero usted· nunca entenderá nada.»
Pero, ¿no podíamos intentarlo? Dijo que el peronismo no se ocupaba del crecimiento económico; los peronistas rechazaban la sociedad de consumo. Pero, ¿acaso no acababa de quejarse del paro existente en el interior, fruto de la locura del gobierno, que enviaba dos indios a su barrio de .chabolas por cada uno que lo abandonaba? Dijo que no iba a perder el tiempo hablando con un norteamericano; a algunas personas sólo les preocupaba el producto nacional bruto. Y, dejándonos, se dirigió, todo sonrisas, hacia unos indios que se acercaban. El viento que venía del río era húmedo, el cobertizo de cemento no tenía calefacción y yo quería ime. Pero el hombre que me acompañaba parecía inquieto. Dijo que cuando menos debíamos esperar y decirle al padre que yo no era norteamericano. Así lo hicimos. Y el padre, avergonzado, explicó que el peronismo en realidad se interesaba· por el desarrollo del espíritu humano. Semejante desarrollo había tenido lugar en Cuba y en China; en esos países le habían vuelto la espalda a la sociedad industrial. *
Me habían dicho que aquellos abogados pertenecían a un grupo que trabajaba por los «derechos civiles». Eran jóvenes, vestían elegantemente y se reunían aquella mañana para preparar el borrador de una petición contra la tortura. El piso, situado en lo alto de un edificio, estaba sucio y sin muebles; las visitas eran examinadas a través de la mirilla; todo el mundo hablaba en susurros; y había mucho humo de cigarrillos. Intriga, peligro. Pero uno de los abogados aceptó mi invitación a almorzar y durante la comida --comía con gusto, platos caros dejó bien claro que la tortura contra la que protestaban no debía confundirse con la tortura en tiempos de Perón.
Dijo: «Cuando la justicia es la justicia del pueblo, a veces los hombres cometen excesos. Pero,en última instancia, lo que importa es que la justicia se haga en nombre del pueblo.» ¿Quiénes eran los enemigos del pueblo? Su respuesta fue· concisa y rápida. «El imperialismo norteamericano. y sus aliados nativos. La oligarquía, la burguesía dependiente, el sionismo y la izquierda "cipaya". Al hablar de "cipayos" nos referimos al Partido Comunista y al socialismo en general.» Parecía una lista exhaustiva. ¿ Quiénes eran los peronistas? «El peronismo es un movimiento nacional revolucionario. Hay una gran diferencia entre un movimiento y un partido. No somos estalinistas y un peronista es cualquiera que se llame a sí mismo peronista y actúe como un peronista.»
· El sacerdote fue asesinado dos años después, en 1974, por pistoleros no identificados, y durante unos días gozó de popularidad como mártir peronista. (N. del A.)

El abogado, a pesar de sus sentimientos antijudíos, era judío; y procedía de una familia antiperonista de la clase media. En 1970, al conocer a Perón en Madrid, había quedado deslumbrado; la voz le temblaba al citar las palabras del general. Le había dicho a Perón: «General, ¿por qué no le declara la guerra al régimen y luego se pone usted a la cabeza de todos los peronistas auténticos?» Perón le había contestado: «Soy el conductor de un movimiento nacional. He de conducir al movimiento entero en su totalidad.»
' «No hay enemigos internos», dijo con una sonrisa el líder sindical. Mas al mismo tiempo opinaba que la tortura continuaría en la Argentina. «Un mundo sin tortura es un mundo ideal.» Y había tortura y tortura. «Dépende de quién sea torturado. Si es un malhechor, está bien. Pero si es un hombre que trata de salvar el país ... eso es otra cosa. La tortura no es únicamente la picana eléctrica, ¿ sabe usted? La pobreza es tortura, la frustración es tortura.» Era un hombre cortés; el más intelectual, me habían dicho, de los líderes sindicales peronistas. Había llegado puntualmente a la cita; su oficina estaba limpia y ordenada; sobre su escritorio, debajo del cristal, había una fotografía grande de Perón en sus años mozos.
La primera revolución peronista se basó en el mito de la riqueza, de una tierra que esperaba que la saquearan. Ahora la riqueza ha desaparecido. Y el peronismo es como una parte de la pobreza. Es protesta, desesperación, fe, machismo, magia, espiritismo, venganza. Lo es todo y no es nada. Quitad a Perón y la histeria sera incontrolable. Quitad a las fuerzas armadas, guardianes estériles de la ley y el
orden, y el peronismo, triunfante, se desintegrará en un centenar de peleas dispersas, cada hombre identificando a su propio enemigo.
«La violencia, en manos del pueblo, no es violencia: es justicia.» Estas palabras de Perón aparecieron en la primera página de un número reciente de Fe, un periódico peronista. Así, en siniestra imitación, el sur retuerce la jerga revolucionaria del norte. Allí donde la jerga convierte los asuntos vivos en abstracciones (<< La tortura sólo desaparecerá de la Argentina», dijo el trotskista, «con un gobierno de obreros y con la caída de la burguesía»), y allí donde la jerga termina compitiendo con la jerga, la gente no tiene ninguna causa. Sólo tiene enemigos; únicamente los enemigos son reales. Ha sido la pesadilla de la América del Sur desde el desmembramiento del imperio español.
Eva Perón, ¿era rubia o morena? ¿Nació en 1919 o en 1922? ¿Nació en la pequeña población de Los Toldos o en Junín, a cuarenta kilómetros de allí? Bien era una morena que se teñía el pelo de rubio' 'nació en 1919 pero decía que en 1922 (e hizo desttruir su partida de nacimiento en 1945); los primeros diez años de su vida los pasó en Los Toldos, pero luego dijo siempre que no era ésta su villa natal. Nadie sabrá jamás por qué. No acudan a su autobiografía, La razón de mi vida, que solía. ser lectura obligada en las escuelas argentinas. El libro no contiene un solo dato o una sola fecha; y lo escribió un español que más tarde se quejó de los muchos cambios que las autoridades peronistas habían hecho a su libro.
Así que la verdad empieza a desaparecer;. no tiene relación alguna con la leyenda. Se dicen misas en recuerdo de Eva Perón y ahora los estudiantes asisten a ellas en gran número; mas su vida no es tema de investigación. Sin ninguna placa conmemorativa, raras veces visitada (aunque una mujer recuerda que una vez vinieron los de la televisión), la casa de ladrillo marrón, con su habitación única,; va desmoronándose en Los Toldos. El anciano propietario del garaje de al lado (dos vehículos en su garaje, uno de ellos un Modelo T sin motor), al que ahora pertenece también la casa, la· utiliza como almacén. Brota la hierba en el tejado plano y la chapa ondulada se desploma sobre el patio posterior.
Sólo se ha intentado una biografía de Eva Perón en la Argentina. Iba a constar de dos volúmenes, pero el editor quebró y el segundo volumen no ha aparecido. De no haber muerto, en la actualidad Eva Perón sólo contaría cincuenta y tres años. Viven aún centenares de personas que la conocieron. Pero en dos meses me costó trabajo ir más allá de lo que ya era bien sabido. Los recuerdos han sido alterados; la gente hace su panegírico o expresa su odio, y la gente que odia se niega a hablar de ella. Se ha logrado suprimir la angustia de aquellos primeros años en Los Toldos. La historia de Eva Perón se ha perdido; ahora sólo queda la leyenda .
. Una tarde, después de sus clases en la Universidad Católica, mientras las sirenas de la policía aullaban en el exterior, Borges me dijo: «Teníamos la impresión de que todo el asunto debería haberse olvidado. Si los periódicos hubiesen guardado silencio, hoy no habría peronismo ... los peronistas, al principio, se avergonzaban de sí mismos. Si estuviera hablando en público, nunca utilizaría su nombre. Diría el prófugo, el dictador. Del mismo modo que en poesía uno evita ciertas palabras ... si utilizase su nombre en un poema, éste caería hecho
pedazos.» .
Es la actitud argentina: suprimir, ignorar. Muchos documentos de la era peronista han sido destruidos. Si hoy en día los jóvenes de la clase media son peronistas, y los estudiantes cantan la vieja canción de la dictadura ....
¡Perón, Perón, qué grande 50S! ¡Mi general, cuánto valés!
... si la dictadura, incluso en sus excesos, vuelve a ser respetable, no es porque se haya investigado el pasado y modificado los anales. Es sólo porque muchas· personas han revisado sus actitudes ante. la leyenda establecida. Han cambiado de parecer.
No hay historia en la Argentina. No hay archivos; sólo hay pintadas en las paredes y polémicas y lecciones en la escuela. A los escolares, enfundados en sus guardapolvos blancos, les llevan regularmente a visitar el edificio del Cabildo en la Plaza de Mayo, en Buenos Aires, para que vean las reliquias de la Guerra de la Independencia. El acontecimiento es glorioso; permanece aislado, no está relacionado, en los libros de texto o en la mente popular, con lo que vino inmediatamente después: la pérdida de la ley, el acoso de los enemigos, interminables guerras civiles, el gobierno de los gángsters.
Borgesme dijo otra tarde: «La historia de la Argentina es la historia de su distinción de España.» ¿ Cómo encajó Perón en eso? «Perón representaba las heces de la sociedad.» Pero, seguramente, también representaría algo que era argentino, ¿no? «Por desgracia, tengo que admitir que es argentino ... un argentino de hoy.» Borges es un criollo, alguien cuyos antepasados llegaron a la Argentina antes de la gran oleada de inmigrantes, antes de que el país se convirtiera en lo que es; y Borges sustituye la contemplación de la historia de su país por el culto a los antepasados. Al igual que muchos compatriotas suyos, tiene su propia idea de la Argentina; cualquier cosa que no encaje en ella debe rechazarse. y Borges es el hombre más grande de la Argentina.
Una actitud ante la historia, una actitud ante la tierra. La magia es importante en la Argentina; el país está lleno de brujas y magos y taumaturgos y médiums. Pero el visitante no debe hacer caso de esta cara de la vida argentina porque, según le dicen, no es real. El país está lleno de estancias; pero el visitante no debe ir a esa estancia concreta porque no es típica. Mas existe, funciona. Sí, pero no es real. Ni es real aquello, ni lo otro, ni lo de más allá. De esta forma, hablando, se elimina todo el país; y se encamina al visitante hacia el equivalente de una tienda de antigtiedades gauchas. No es la Argentina en la que habita cualquiera, mucho menos la de tus guías; pero esa es real, eso es la Argentina. «Básicamente, todos amamos al país», decía un angloargentino. «Pero nos gustaría que fuese a nuestra propia imagen. Y ahora muchos de nosotros sufrimos a causa de nuestras fantasías.» Una negativa colectiva a ver, a adaptarse al país: una sociedad colonial fragmentada, artificial, a la que sus mitos han hecho deficiente y falsa.
Ser argentino no era ser sudamericano. Era ser europeo; y muchos argentinos se hicieron europeos, de Europa. La tierra que constituía la fuente de su riqueza pasó a ser su base y nada más. Para estos argentinos-europeos, Buenos Aires y Mar del Plata se convirtieron en ciudades turísticas, con una vida estacional. Durante el período de entreguerras había en París una comunidad argentina estable de 100.000 personas; en aquel entonces, el peso era el peso.
«Mucha gente cree», dijo Borges, «que lo mejor que hubiese podido ocurrir aquí habría sido una victoria inglesa [en 1806-1807, cuando los británicos atacaron Buenos Aires en dos ocasiones]. Al mismo tiempo, me pregunto si ser una colonia hace algún bien ... tan provinciana y aburrida».
Mas ser europeo en la Argentina era ser colonial del modo más nocivo. Era ser parasitario. Era reivindicar como propios -como los reivindicaban las comunidades blancas de las colonias del Caribe- los logros y la autoridad de Europa. Era pedir menos de uno mismo (en Trinidad, cuando yo era niño, se creía que los blancos y ricos no necesitaban ninguna educación). Era aceptar, partiendo de una seguridad falsa, una segunda categoría para tu propia sociedad.
y estaba la riqueza de la Argentina: los ferrocarriles británicos transportando el trigo y la carne desde todos los rincones de la pampa hasta el puerto de Buenos Aires, para su envío a Inglaterra. No había ningún mito pionero o nacionalista de trabajo esforzado y recompensa. La tierra estaba vacía y era muy llana y muy rica; era inagotable; y con una infinita capacidad de perdón. Dios arregla de noche la macana que los argentinos hacen de día.
Ser argentino era habitar en un mundo mágico, debilitador. La riqueza y la europeidad ocultaban las realidades coloniales de una sociedad agrícola que había necesitado y producido poco talento, que no había necesitado grandes hombres y no había producido ninguno. «Aquí no ha pasado nada», dijo un día Norman di Giovanni, lleno de irritación. Y todo el mundo, de Borges para abajo, dice: «Buenos Aires es una ciudad pequeña.» Ocho millones de personas: una monstruosa extensión plebeya, mezquina, repetitiva y sin sentido: pero sólo una ciudad pequeña, comida por las dudas y la malevolencia coloniales. Cuando se tiene la impresión de que el mundo real está afuera, en casa toda la gente es inadecuada y fraudulenta. Un camarero de Mendoza dijo: «Los argentinos nq trabajamos. No podemos hacer nada grande. Todo lo que hacemos es pequeño e insignificante.» Un artista dijo: «Aquí hay muy pocos profesionales. Me refiero a gente que sepa. qué hacer consigo misma. Nadie sabe por qué está haciendo tal o cual trabajo. Por esa razón, si tú haces lo que hago yo, entonces eres mi enemigo»:
Camelero, chanta: estas son palabras argentinas de uso cotidiano. Un camelero es un camelista, un hombre que en realidad no tiene nada que vender. El hombre que me prometió llevarme a una estancia, y en su avión particular, no hacía más que un camelo. El chanta es el hombre que lo venderá todo, el hombre sin principios, falso. Casi todo el mundo, del presidente para abajo, es descartado por alguien que le considera un chanta.
La otra palabra que se repite con frecuencia es mediocre. Los argentinos detestan lo mediocre y temen que les consideren mediocres. Era una de las palabras insultantes que empleaba Eva Perón. Para ella la aristocracia argentina siempre fue mediocre. y estaba en lo cierto. En unos pocos años Eva Perón hizo añicos el mito de la Argentina como tierra colonial aristocrática. Y no se ha encontrado ningún otro mito, ninguna otra idea de la tierra, que reemplace al viejo.

Anónimo dijo...

EL TERROR
Marzo de 1977
En la Argentina los coches asesinos ~los coches que los pistoleros oficiales utilizan para hacer su trabajo son Ford Falcon. El Falcon, que se fabrica en lá Argentina, es un coche pequeño y resistente cuyo aspecto no llama la atención, y los hay a millares en las carreteras. Pero a los Falcon asesinos se los reconoce fácilmente. No llevan matrícula. Los coches ~y los policías de paisano que van en ellos~ exigen que se les p¡:este atención; y a veces la gente
se para a miradas. '
Como se pararon a miradas hace unas semanas en la plaza principal de la ciudad norteña de Tucumán: los Falcon aparcados en la calzada semicircular de la Casa de Gobierno, un vistoso edificio de piedra parecido a una casa de campo europea del siglo XIX, pero 90n soldados indios armados con ametralladoras en la balconada y en los cuidados jardines sub tropicales : un atisbo, finalmente, de uniformes, apretones de mano, saludos, hasta que los hombres de paisano, al igual que actores encarnando - a un grupo de aristócratas en una cacería, pero con ametralladoras debajo de sus Burberrys auténticos o de imitación, descendieron por la amplia escalinata, subieron a los cochecitos y se alejaron a poca velocidad y sin hacer sonar las sirenas.
Las autoridades han comprendido el efecto dramatico del silencio. Forma parte del terror que quieren que se sienta como terror.
El estilo es importante en la Argentina; y en la prolongada guerra de guerrillas ~a pesar de la sangre auténtica, de la tortura auténtica~ ha existido siempre un elemento de machismo y de teatro público. Antes, los policías se colocaban a cierta distancia de los cruces, con las ametralladoras preparadas; de noche, las calles comerciales del centro de Buenos Aires eran patrulladas por soldados con botas y cascos, acompañados por perros lobos; de vez en cuando, a guisa de extravagancia dramática, aparecian los hombres de la brigada antiguerrillera de motoristas. En aquellos tiempos, la guerra era princIpalmente una guerra privada, entre los guerrilleros por un lado y el ejército y la policía por el otro. Ahora la guerra toca a todo el mundo; el teatro público ha cedido su puesto al terror público.
A todos les han arrebatado el estilo, salvo a los hombres de los Falcon. La guerrilla sigue operando, pero a los periódicos les está prohibido hablar de ella. Sólo les permiten publicar los repetitivos comunicados oficiales, la lista de bajas y generalmente estas cosas aparecen como noticias pequeñas en las páginas interiores, sin ninguna relación aparente con el resto de las noticias: en tal lugar, en tal fecha, en tales circunstancias, se dio muerte a tantos o cuantos subversivos o delincuentes, tantos hombres, tantas mujeres. Se cree que los comunicados únicamente representan una fracción de la verdad: son demasiadas las personas que desaparecen.
Al principio ~después del caos y la casi anarquía de la restauración peronista~ se creía que las muertes violentas eran buenas para la economía. La guerra era la guerra, decía la gente; había que erradicar a las guerrillas, que ahora eran como ejércitos privados, sin ningún objetivo reconocible; había que disciplinar a los sindicatos y a sus líderes después de la licencia y la corrupción de los años peronistas. (No más viajes gratis a Europa en Aerolíneas Argentinas para aquellos sindicalistas, ostentosos machos provincianos que exigían la atención de los tripulantes, cada hombre, después de la cena, acomodándose con su montón de revistas de «comics» y fotonovelas, lectura ligera para los largos vuelos nocturnos, humedeciéndose las puntas de los dedos anillados antes de volver las páginas.) Había que crear otra Argentina, una Argentina más decorosa; al país (como si el país fuese una abstracción económica, algo que pudiera separarse del grueso de la población) había que ponerlo en marcha otra vez.
y mientras los salarios eran reprimidos como el pecado, los banqueros santos de la Argentina hacían sus propios milagros inflacionarios. Ofrecían el 8 por ciento mensual o el 144 por ciento anual por el peso y devolvieron momentáneamente la fe a numerosos buenos argentinos que llevaban años rogando para que el agua de sus pesos se .convirtiera en el vino de los dólares. Durante los primeros meses del terror la bolsa de valores experimentó un «boom»· se hicieron fortunas partiendo de la nada; la Argentina parecía ser otra vez ella misma. Pero ahora -incluso con ese 144 por ciento- el terror está demasiado próximo.
Ya no es posible detectar pauta alguna en el terror. No son sólo los guerrilleros y los sindicalistas y los escasos intelectuales del país los que se ~en amenazados. Cualquier persona puede ser detenida. La tortura es rutinaria. Incluso obreros que tuvieron la mala fortuna de estar trabajando en un piso en el momento de producirse una incursion han sido detenidos, retenidos durante unas horas y torturados con todos los demás, tan· automático es el. proceso: la venda apretada con fuerza sobre los ojos, hundiéndolos en las cuencas, la capucha, la paliza, las descargas eléctricas que dejan señales de quemaduras que tardan dieciocho días en desaparecer y luego el misterioso viaje en el portaequipajes del Falcon y el sadismo de la puesta en libertad: «Te llevamos al cementerio ... A ver, cuenta hasta cien antes de quitarte la venda de los ojos.»
Actualmente, en la Argentina casi todo el mundo conoce a alguien que ha desaparecido o ha sido arrestado o ha sufrido torturas. Incluso algunos militares han recibido aviso, gracias a la intervención de amigos militares como ellos, para que se hicieran cargo de los cadáveres de sus hijos, cadáveres que, en otro caso, habrían sido destruidos o tirados en cualquier parte, a veces arrojados por las olas, mutilados y descompuestos, en Montevideo, al otro lado' del Río de la Plata. A una mujer le enviaron las manos de su hija en una caja de zapatos.
Existe todavía, para las personas distinguidas o conocidas, el arresto legal bajo acusaciones concretas. Pero debajo de eso no hay ley. Se llevan a la gente y nadie es responsable. Si alguien pregunta al ejército le dicen que acuda a la policía y ésta vuelve a remitirle al ejército. Ha surgido un lenguaje especial: a un padre angustiado le dirán que el caso de su hijo está «cerrado». Nadie sabe realmente quién hace qué o por qué lo hace; se dice que ahora, pagando un precio, se puede hacer desaparecer a cualquiera.
Buenos Aires está lleno de personas aturdidas y trastornadas que piensan solamente en la huida, que ya no son capaces de tomar partido, que no consiguen ver ninguna causa en la Argentina y que, por fin, se dan cuenta de la barbarie que desde hace tiempo como contrapeso de la certeza de su propia seguridad y del antiguo señuelo argentino de la tierra rica y espaciosa, el dinero fácil y la carne abundante, el ,señuelo expresado por las palabras que con tanta frecuencia cierran una discusión en la Argentina: «Todavía aquí se vive mejor.» .
. Barbarie, en una ciudad que se ha considerado a sí misma europea, en un país que, debido a esa ciudad, se ha enorgullecido de su civilización. Barbarie debido a esa misma idea: la civilización sentida como algo lejano, algo que otros mantienen en marcha por arte de magia: la civilización de Europa divorciada de toda idea de vida intelectual y equiparada a los artículos y modas de Europa: civilización sentida como algo comprable, algo que siempre está ahí, al otro lado del océano, para el hombre Q la mujer con dinero suficiente: una actitud no muy alejada de la del político de un país nuevo que, al mismo tiempo que ensucia su propio nido, pQne plumas en otro nido que tiene en el extranjero, en una tierra de ley.
La historia oficial de la Argentina es una historia de gloria: de una guerra de independencia, con héroes, de expansión europea, riqueza, civilización. este es el pasado que Borges canta a veces; pero un tema que se repite en algunas de sus historias más recientes es el de la degeneración' cultural.
La tortura no es nueva en la Argentina. Y aunque los argentinos que se encuentran en el extranjero, cuando organizan una campaña contra tal o cual régimen, hablan como si la tortura acabara de empezada el citado régimen, en la misma Argentina todos los grupos hablan de la tortura -y la aceptan- como de una institución argentina.
En 1972, en un elegante hotel de provincias, una dama de la clase alta y de origen español (obsesionada todavía por la pureza de la raza, librando todavía las viejas guerras españolas) me dijo que la tortura en la Argentina había empezado en 1810, año en que el país se independizó de España; y -de mediana edad y delicada en la mesa, bebiendo el amarillo champán de la Argentina y hablando inglés con el acento de la escuela donde se prepara a las señoritas para la vida social- dijo que la tortura seguía siendo necesaria porque el código penal era muy benévolo. «Tienes que matar a un hombre de la manera más horrible para ir a la cárcel. "Mi cliente estaba excitado", dice el abogado. "¿Sí?", dice el juez. "¿Estaba excitado?" Y no hay cárcel.»
No era así como veía la ley un joven abogado trotskista. Pensaba solamente que la tortura la habían utilizado «la mayoría de los gobiernos» y se había convertido en «un rasgo bastante importante de la vida argentina». Al principio, su abolición no parecía formar parte del programa socialista de dicho abogado; pero luego, al reparar en mi preocupación, prometió, hablando muy aprisa, como, si yo fuera un niño al que se le pudiese prometer cualquier cosa, que la tortura desaparecería «con la caída de la burguesía».
No obstante, el alto cargo de un sindicato peronista al que vi más tarde -estábamos a .mediados de 1972 y el hombre se hallaba cerca del poder, esperando que volviera Perón- no pudo prometerme nada. Dijo -y pudiera haber estado hablando de la IIuvia~ que la tortura siempre existiría. Fue este hombre, de voz suave, razonable, que en aquel momento era aún el representante de los oprimidos, quien me dijo -el mapa del metro de París y una foto de Perón en su juventud debajo del cristal de su escritorio- que había tortura buena y tortura mala. Estaba «bien» torturar a un «malhechor»;otra cosa era torturar a «un hombre· que intenta servir al país».
y ese fue el mismo argumento que cuatro años
después adujo el almirante Guzzetti, uno de los líderes del régimen actual, cuando, defendiendo el terror, habló ante las Naciones Unidas en agosto de 1976. El almirante (que posteriormente resultó herido en un ataque guerrillero) dijo: «Mi idea de la subversión es la de las organizaciones terroristas de izquierdas. La subversión o el terrorismo de la derecha no es la misma cosa. Cuando el cuerpo social del país ha sido contaminado por una enfermedad que corroe sus entrañas, forma anticuerpos. A estos anticuerpo s no se los puede considerar de la misma
manera que a los microbios.» .
Los anticuerpo s de ayer, los microbios de hoy; los sirvientes del país de ayer, los malhechores de hoy; los torturadores de ayer, los torturados de hoy. Las ideologías argentinas, a pesar de las etiquetas de derecha o izquierda que se dan a sí mismas, son en realidad muy sencillas. Lo que hace daño al otro está bien; lo que me hace daño a mí está mal. Perón nunca fue más argentino --en sus quejas y en su valor moral- que cuando, en 1956, un año después de que los militares lo derrocasen, publicó su . propia y lacrimosa crónica de lo sucedido. Dio a su libro el título de La fuerza es el derecho de las bestias. Y lo cierto es que hubiera podido titularlo
La ley de la. selva..
En dicho libro Perón escribió: «La revolución
no tiene causa porque es solamente una reacción. Únicamente pretende deshacer lo que se ha hecho, extirpar el peronismo, arrebatarles a los trabajadores los beneficios que han conquistado.» y Perón, si viviera hoy, podría utilizar las mismas palabras para referirse al régimen actual. Tan poco ha cambiado la Argentina en los vaivenes políticos de los últimos veinte años; tan carente s de sentido han sido todas las maniobras y asesinatos.
Los coches asesinos no son nuevos. Empezaron a operar en tiempos de Perón, cuando éste se volvió contra los guerrilleros que le habían vuelto .a colocar en el poder. y los coches se hicieron más asesinos en la época de Isabel, la viuda y sucesora de Perón, cuando los enemigos se hicieron más personales, menos definible s desde una óptica política. Luego, un día, Isabel dejó de gobernar y el ciclo peronista concluyó.

Sucedió sencillamente. A última hora de una tarde, los militares, que se mantenían apartados desde hacía tiempo, hicieron secuestrar al helicóptero presidencial; e Isabel -que regresaba volando con elegancia de la Casa de Gobierno, en el centro de Buenos Aires- recibió la noticia de que la residencia presidencial, en el barrio de Olivos, adonde creía ir en aquel momento, ya no era su hogar. Según la· historia oficial, babel prorrumpió en llanto, la ex chica de cabaret que había sido la primera mujer en ocupar la presidencia de la Argentina. Primero la llevaron a un campo de aviación de la ciudad; después, bajo vigilancia, la trasladaron a la residencia presidencial para que recogiera sus ropas. Al llegar a la casa, trató de inducir al servicio doméstico a ponerse de su lado. Creía que aquellas personas estaban con ella, que le eran leales. Pero ellas, acostumbradas a las súbitas llegadas y salidas de los presidentes argentinos, la ayudaron a hacer las maletas y nada más.
Así terminó todo para ella, la pobre chica nacida en la pobre provincia norteña de La Rioja. Estaba en un cabaret del lejano Panamá cuando conoció al exiliado Perón en 1956, un año después de su derrocamiento, a los cuatro años de la muerte de Eva Perón. A Isabel nunca la presentaron como sustituta de Eva Perón; y a Perón sus seguidores jamás le reprocharon el haberse unido a ella. Para la Argentina machista, infinitamente comprensiva ante las necesidades de un hombre, Isabel no era más que la nueva mujer al lado del líder. Y cuando volvió con Perón a la Argentina en 1973, llegó solamente como «embajadora de paz», la «verticalizadora», la mujer que con su amor debía unir a la Argentina, mientras Perón se ocupaba del odio.

«Perón conduce, Isabel verticaliza.» Las palabras resultan tan difíciles en español como en inglés; pero ésta fue una de las consignas de los últimos días del gobierno de Perón, en 1974, cuando el peronismo ya había demostrado que no era nada más que palabras, y el gobierno de Perón y su corte era como una continuación de la histeria que los había traído de nuevo al país; cuando los carteles oficiales impresos complementaban las pintadas y las paredes de Buenos Aires parecían destartaladas carteleras. Tantos carteles, rápidamente desfasados: siempre algún mártir nuevo al que llorar (y olvidar en el plazo de una semana: nada tan muerto, en la Argentina peronista, como el cartel político de la semana pasada), tantas muertes violentas que vengar: el líder procurando siempre mantenerse a flote sobre. una expresión colectiva de ira, quejas y odio.
Ahora hay silencio. Isabel sigue detenida en alguna parte del sur, tema de chismorreos que se desvanecen; una instantánea privada que han facilitado las autoridades demuestra que engordó durante su permanencia en el poder. Muchas de las personas que gobernaron con ella se han dispersado. El astrólogo López Rega -era el «manager» de Isabel cuando ésta era cabaretera en Panamá, y más adelante fue secretario de Perón- se halla fuera del país; el actual gobierno le ha acusado de malversar grandes sumas de dinero durante su período· como ministro de· Bienestar.
Continúan los escándalos políticos relacionados con la vuelta de Perón al poder, así como los escándalos financieros de su mandato y del mandato de Isabel. Fueron los guerrilleros quienes posibilitaron el regreso de Perón; ellos fueron el recio brazo derecho del movimiento peronista en 1972 y 1973 . Pero, ¿eran todos guerrilleros? Los secuestros y los atracos a los bancos ... ¿eran todos por la causa? ¿ O parte del guerrillerismo andaba mezclado con las grandes empresas argentinas? Esta vez especulando, no con tierras o con la caída del peso, sino con el idealismo y la pasión, la sangre auténtica y la tortura.
A los militares les gustan las paredes limpias; y las paredes de Buenos Aires aparecen ahora enjabelgadas y desnudas. Pero aquí y allá las fantasmales pintadas políticas de los viejos tiempos asoman debajo del jabelgue: el «Evita vive» de 1972; los emblemas del movimiento juvenil peronista; el lema electoral de los peronistas en 1973: «Cámpora a la presidencia, Perón al poder»; la posterior, y peronísticamente inevitable, proclamación de «Cámpora traidor»: amigo transformado misteriosamente en enemigo, ahora una parte sin importancia dé la historia muerta de la Argentina, el fantasma de un fantasma: toda esa historia muerta asomando débilmente debajo del jabelgue militar.
Del propio Perón ya no se habla mucho. Está muerto; finalmente, defraudó a todo el mundo; él y los años· que él desperdició pueden saltarse. En la Argentina, la historia es menos un intento de dejar constancia y entender que un hábito de reordenar hechos inconvenientes; es un proceso de olvido. y los políticos e intelectuales de la clase media que hicieron campaña por el retorno de Perón, los que con su improbable conversión a la causa peronista hicieron que esta causa fuera tan abrumadora en 1972 y 1973, ahora evitan el tema o no hablan de él con entera claridad.
Dicen que tenían la esperanza de cambiar el movimiento desde dentro; o dicen, más fantasiosamente, que lo que en realidad querían era peronismo sin Perón. Pero fue a Perón a quien invitaron a volver del exilio para gobernarles; y le invitaron a volver -incluso con su astrólogo-- porque querían lo que él les ofrecía.
En su falsa autobiografía, La razón de mi vida, Eva Perón dice que se enteró de que existía la pobreza cuando contaba once años. «y lo extraño es que no me doliese tanto la existencia de los pobres como el saber que al mismo tiempo había ricos»: ese dolor a causa de los ricos -ese dolor a causa de otras personas-,- fue siempre la base del atractivo popular del peronismo. Esa fue la sencilla pasión -más que el «nacionalismo» o la «tercera posición» de . Eva Perón- que incendió a la Argentina.
Eva Perón dedicó su breve vida política a burlarse de los ricos, las cuatrocientas familias que se repartían la posesión de la mayor parte de lo que era valioso en los casi tres millones de kilómetros cuadrados de la Argentina. Se burló de ellos y les hirió en la misma forma· en que ellos la habían herido; y su posterior santidad oficiosa dio un toque religioso a su causa destructiva.
Aun cuando se acabó el dinero, el peronismo pudo ofrecer odio a guisa de esperanza. Y, a la postre, ésa fue la razón por la cual la Argentina virtualmente se unió para pedir la vuelta de Perón, pese a que el primer período de su gobierno había terminado en represión y desastre, y a pesar de que era un hombre muy viejo y se encontraba a las puertas de la muerte. En sus dieciocho años de exilio, mientras la Argentina se debatía de gobierno en gobierno, Perón se había mostrado curiosamente consecuente. Se había convertido en el argentino quintaesenciado: al igual que Eva hiciera antes que él, al igual que todos los argentinos, era una víctima, alguien que tenía enemigos, alguien que sentía ese dolor causado por los demás. Con el paso de los años, sus enemigos se multiplicaron; sus viejas palabras de queja argentina comenzaron a sonar como
. profecías (La revolución no tiene una causa»; «Los militares gobiernan pero nadie obedece»); hasta que finalmente dio la impresión de haberse transformado en el enemigo del enemigo de todo e] mundo.
El Peronismo nunca fue un programa. Fue una insurrección. Durante más de treinta años, la Argentina ha permanecido en estado de insurrección. La semejanza no es con ningún país de Europa, como a veces dicen los escritores argentinos. La semejanza es con Haití, después de la rebelión de los esclavos encabezada por Toussaint: una bárbara sociedad colonial hecha de modo parecido, igualmente parasitaria de una civilización alejada, e incapaz de regenerarse porque la esclavitud proporcionaba la única pauta de comportamiento humano, y ser un hombre significaba solamente ser capaz de aliviar ese dolor causado por otros, ser como el amo.
Eva Perón encendió el fuego. Pero la idea de reforma no se hallaba a su alcance. Eva Perón' estaba demasiado herida, era demasiado inculta; pertenecía a su sociedad; y siempre fue una mujer entre machos. Christophe, emperador de Haití, construyó la Citadella con un inmenso coste de vidas al igual que de dinero: el modelo eran las fortificaciones británicas de Brimstone Hill, en la pequeña isla dSaint Kitts, donde Christophe había nacido en la esclavitud y aprendido el oficio de sastre. Del mismo modo Eva Perón en el poder, suprimiendo los documentos de su primera infancia y, pese a ello, no sobrepasando jamás las ideas de la infancia, pretendió solamente competir con los ricos en su crueldad y riqu~za y estilo, en sus artículos importados. Era su propia persona y su triunfo lo que ofreCÍa al pueblo en cuyo nombre actuaba ..
Sus enemigos ayudaron a santificarla. Después de la caída de Perón, en 1955, sus enemigos expusieron al público la ropa de Eva, incluyendo sus prendas íntimas. Eva llevaba muerta tres años; pero esa exhibición (especialmente la de los paños menores) fue una forma argentina, macha, de violación; y, además, se pretendía que el pueblo sufriese una conmoción al ver la extravagancia y la vulgaridad de su .gran dama. Fue una medida poco sincera: los propios violadores no tenían unos ideales más elevados, y el despliegue de aquella riqueza de cuento de hadas -una riqueza inimaginable que había pasado a poder de alguien que era de los pobres- se sumó a la leyenda de Evita.
Veinte años después de su muerte, Eva encontró la legitimidad. Su pequeño cuerpo embalsamado -medía metro cincuenta y siete y, en el momento de su muerte, estaba consumida- descansa ahora en la cripta de la familia Duarte en el cementerio de la Recoleta, la necrópolis de la clase alta bonaerense. Las avenidas de piedra y mármol de la ciudad mimética aparecen llenas de los grandes nombres de la Argentina, o de nombres que hubieran sido grandes si el país hubiese estado mejor construido; ahora sólo es posible ver estos nombres como parte de un pasado pretencioso, fracasado. Esta legitimidad, esta dignidad, era lo único que deseaba la muchacha de Los Toldos; necesitó una insurrección, un trastrocamiento del estado, para alcanzarla.
En los primeros tiempos del peronismo Eva fue promovida como santa, y ahora está por encima del peronismo y de la política. Eva es su propio culto; ofrece protección a los que creen en ella. Allí donde no hay instituciones dignas de confianza, ni códigos, ni ley, ni seguridades seculares, la gente tiene necesidad de fe y de magia. Y la Naturaleza es abrumadora en la Argentina: los hombres pueden sentirse abandonados en esa tierra de altas montañas y enormes espacios vacios. (El desierto y el monte bajo y las montañas separan la provincia norteña de La Rioja de la tierra, más suave pero también ilimitada, de la pampa: La Rioja, sitio de esperanza vieja, perdida, la ciudad fundada en medio de la desolación subandina a finales del siglo XVI, después de México y el Perú, como otra de las bases españolas para la búsqueda de El Dorado.) La desolación siempre parece cercana en la vastedad de la Argentina: ¿cómo llegaron aquí los hombres, cómo han resistido?
En esa desolación crecen los cultos, y éstos pueden dar sensación de mundo antiguo. Como el culto de la mujer conocida por La Difunta Correa. En una fecha que se desconoce, dicha mujer cruzaba el desierto a pie. No tenía nada que comer; no había agua en el desierto; y murió. Pero su bebé (o el bebé que parió antes de morir) fue encontrado con vida, chupando el pecho de la muerta. Ahora, a la vera de los caminos, se alzan capillas en recuerdo suyo, y en estas capillas la gente deja botellas de agua. El agua se evapora: se la ha bebido la Difunta Correa. La Difunta Correa tomó el agua: el sencillo milagro se renueva incesantemente.
Eva Perón es ahora una figura de esa clase, sin fechas ni política. Y se hacen ofrendas en la cripta de los Duarte en la Recoleta. El sarcófago no es visible, pero se sabe que está allí. La mañana en que fui al cementerio había lirios blancos atados con un pañuelo blanco a la barandilla negra, y había una sola, marchita rosa roja, indeciblemente conmovedora. En el suelo, sin ninguna protección, yacía una mantilla blanca envuelta en plástico. Llegó una mujer con una ofrenda de flores. Era una mujer del pueblo, con el cuerpo rechoncho de la persona en cuya dieta hay demasiadas féculas. Había venido de lejos, de Mendoza, en el otro extremo de la pampa.
(Mendoza, la región vinatera al pie de los Andes, donde bajo la brillante luz meridional y el aire límpido crecen, agigantándose, los árboles importados de Europa, el sauce y el plátano; y a un lado el panorama limita siempre con la pared gris-azul de las montañas. Pero no son los verdaderos Andes coronados de nieve: éstos se mostrarán un día, muy alejados, aparentemente sin apoyo, como una débil y blanca sobreimpresión en mitad del cielo, dando una idea nueva del tamaño, despertando un sentimiento de maravilla, no sólo por los conquistadores del siglo XVI que pasaron por aquí, sino también por los incas, que, sin conocer la rueda, extendieron su dominio hasta una región tan meridional, y cuyos canales de riego siguen utilizando los cultivadores de Mendoza.)
La señora venida de Mendoza tenía una hija enferma; espástica o poliomielítica: no quedó claro. «Hace quince años híce la promesa.» Es decir, en 1962, cuando Eva Perón llevaba muerta diez años y Perón seguía en el exilio, sin ninguna esperanza de regresar; cuando se daba por perdido el cuerpo embalsamado de Eva. Ahora se había producido el milagro. El cuerpo estaba allí; la hija se había restablecido lo suficiente como para que su madre cumpliera el voto

Dardo dijo...

Ah mierda que se inspiró el anónimo.

Goliardo dijo...

El tipo se cree petrocheli.

Emiliano dijo...

El anónimo es lo que yo diría un gorilón con tiempo, me lo imagino tal cual lo describiste a Monner Sans por eso se hizo tanto cargo.

Diego dijo...

Sí que sos gracioso che, no tengo mucha idea de quién es tal Monner Sans pero igual casi lloro de risa.

PD: Interesante blog, seguro que vuelvo. Aunque al mío no estás invitado.

PDPD: ¡VIVA PERÓN!

Anónimo dijo...

Tarde pero seguro, me hiciste llorar de la risa a carcajadas.

un abrazón!
marie

MONA dijo...

Siii... muy buena escritura!!! Tenés una forma de expresión que define lo que querés decir... ¿sos periodista?
Ah! ese anónimo, pone el mismo texto largo, en varios blogs... hace "cortar-pegar"... por eso no le cuesta escribir tan abundantemente!!! jeee...
Te saludo!

LUCIANO dijo...

No jodan a Monner Sans, che¡ ¿ No ven que si no se dedica esto tiene que salir a laburar? Grosso, emo.

Aguilucho dijo...

en la producción de Radio América siempre decíamos que para sacar al aire a Moner Sans no hacía falta levantar el teléfono, alcanzaba con pronunciar su nombre más o menos fuerte.