25.11.09
9.8.05
sobre-nombres
Ana Rita Pretti Vagliati se cansó de ser Pretti, de ser la hija de Saracho, de ser progenie de Valentín Milton Pretti, del ex director de un centro de detención, del infamemente conocido Coti Martínez, -no Nosiglia; otro siniestro, otro celebre infame-. Se cansó Ana. Y, a los 33 años, inició el proceso legal para poder cambiarse su apellido. Según dijo a DyN: "Soy la hija de un torturador”. Y, valiente, suplicó: “Quiero terminar con este linaje de muertes”, y, además, agregó: “No acepto ser la heredera de todo ese horror: los apellidos son símbolos y el mío es uno muy oscuro, lleno de sangre y de dolor”.
No hace tanto un hijo de desparecidos decidió que no iba a llamarse más como le pusieron sus apropiadores, como él mismo les dice. Se bautizó Juan Cabandié: el apellido de sus verdaderos padres; el nombre que le hubieran puesto. Y contó que, como dijo León Gieco, sus apropiadores no pudieron con él, porque hay un registro en la memoria, “porque todo está guardado en la memoria”. Lo más impactante de su historia es que siempre supo en ese registro que se llamaba así. “Eso está en la sangre. Antes de saber le dije a un amigo ‘yo me quiero llamar Juan’. Y a mi novia le dije ‘si tenemos un hijo le quiero poner Juan’”, contó Juan a Victoria Ginzberg en una entrevista que publicó Página/12 el domingo 28 de marzo de 2004. León Gieco pareciera haberle agradecido que explique su vida desde él y en su nueva producción contó su historia en Yo soy Juan, canción con la que abre Por favor, perdón y gracias, “Yo soy Juan, el último aparecido/ (…) Y aunque salí de un pozo de sepultura y suciedad/ Voy a pregonar en voz alta y la memoria remendar”, dicen algunas de las líneas del flamante tema.
Creo que la historias de vida de Ana y Juan rebaten la teoría de los dos demonios, por vía no judicial.
A ver muchachos si alguna vez entendemos que los crímenes orquestados como terrorismo de estado son considerados por los tribunales internacionales como “de lesa humanidad” y, por tanto, son imprescriptibles. Se puede juzgar la alevosía, el exceso o la violencia injustificada, si se quiere, de un crimen cometido por una organización civil, pero de ninguna manera es lo mismo.
29.6.05
the professional
León Gieco, Radar, Página/12. 26 de junio de 2005.