26.9.11

Despido injustificado de 15 trabajadores en Ciudad Abierta

Después de dos campañas prometiendo el cierre de la SEÑAL DE CABLE CIUDAD ABIERTA (el canal público del Gobierno de la Ciudad), habiendo reducido su personal de 150 personas a 45 (agregado al maltrato, falta de proyecto comunicativo, hacinamiento y sin renovación tecnológica), este viernes 23 de Septiembre el Secretario de Comunicación Pablo Facundo Amado Gaytán le anunció a nuestros delegados sindicales (quienes venían pidiendo novedades desde hace más de un mes y a cinco días de efectivizarse la medida) el despido injustificado de 15 trabajadores, siendo estos más del 50% del personal activo en producción. Se incluyen en la lista de despedidos personal con 7 años de antigüedad, una embarazada y el delegado sindical.

Agradecemos difusión.

Ricardo Balado
SubDelegado Sindical A.T.E.
(15)5963-1608

23.9.11

kirchnerismo para armar



Algo de esto ya está en el prólogo del libro, así que limitémonos al sincretismo de twitter, a los 140 caracteres, que algo nos ha enseñado esa red social, la cultura del eslogan: tan necesaria en democracias de mercado. Kirchnerismo para armar es un libro que saldrá en octubre, co-compilado entre Ernesto Gallegos (geólogo), Andres Gurbanov (profesor de Historia) y quien esto escribe (que es nada, pero que le gusta hacer cosas). La suma de la fuerza dio origen, delineó, escaseó, propuso, retaceó, un libro que me gusta sintetizar con adjetivos polisémicos, en menos de 140 caracteres: epocal, coral, generacional.

La síntesis de esta experiencia se explica en la frase que elegimos (que no sé cómo se denomina) para anteceder al prólogo. “El que no patea no erra”, Sebastián Battaglia, en Yokohama, 2003. Después que Seba errara ese penal. El libro, a mi entender necesario, excluye más que lo que incluye, sí, pero hicimos un puto libro, un puto libro que no había. Y nadie lo había hecho. Así que tampoco nos vamos a clavar cuchillos que no afilamos.

Desde ese triunvirato inicial tratamos de acotar muchas variables: que no sean siempre los mismos, que hablen de diferentes cosas, que se copen, que no cobren, que sean responsables, que tengan el corazón convencido. Probablemente vuelva de todas maneras la autoflagelación, la culpa aprendida en la educación católica (o judía), la desmedida autocrítica, la arena innumerable, Borges.

Fue buscado que no escriban en el libro funcionarios, ministros, secretarios de Estado (con la excepción de Iván Heyn, que es un lujo que nos damos porque es el tipo que mejor entendió la divulgación económica científica desde el kirchnerismo). Así como también fue adrede una serie de separadores de experiencias no textuales literales del kirchnerismo existente: redes sociales, pintura, poesía, esténcil.

A título personal diré que el libro lo leí primero desde la arbitrariedad de la eficiencia de las fechas de entrega, y la segunda de corrido tal el orden que le dimos junto a Andrés y Ernesto en pares almuerzos de fugazzetas con queso en una Continental sobre Belgrano. Con el objeto físico, un largo mes después, ordenado y tenaz, diré que es un librazo.

Kirchnersimo para armar es un librazo por cosas antedichas, porque no existía (es urgente), porque es epocal, porque es generacional y porque es coral. Y como yo no escribí ahí adentro, me doy el privilegio de no escudarme en la modestia (que a veces es falsa y la más imprescindible) para subrayar que es un libro interesantísimo de leer.

Una experiencia colectiva peronista, no te trae el entendimiento desde afuera del proceso político, sino desde adentro del movimiento. Es un libro para los que incluso quieran entender el 51/12.

Es un libro de los protagonistas afectivos (e intelectuales) de estos 8 años.

Ampliaremos.



17.9.11

fin del fútbol

El Barcelona no practica un deporte, monta una exposición. Como aquel cuento maravilloso de Julio Cortázar, el Barça es el Final del juego. Imaginen por un segundo la posibilidad de que los Harlem Globetrotters, a pesar de todos los malabares, pierdan un partido. Es prácticamente imposible. Porque los Globetrotters no compiten en un campeonato equis, con rivales de peso, son parte de un show. Disputando, por ejemplo, como franquicia en la NBA, los San Diego Globetrotters no clasificarían para los playoffs de la Conferencia Oeste. Porque esos firuletes serían adversarios del triunfo, como querer ganarle a Vélez tirando únicamente caños. Como si un equipo de brasileños expertos en jueguitos tuvieran que romper una defensa de 4 centrales paraguayos de elite. La única posibilidad de éxito de un equipo “firuletero” sería en el marco de un espectáculo alejado del deporte en tanto competencia, porque un partido de cualquier disciplina deportiva acarrea la posibilidad tácita, la factibilidad, de ganar o perder. En el fútbol, además, se puede empatar. Barcelona de un tiempo a esta parte casi no admite la perspectiva ni siquiera de empatar. Pero practicando una disciplina deportiva, esa es la paradoja. Bajo la dirección de Josep Guardiola en el período 2010-2011 el Barcelona jugó 60 partidos entre Liga, Copa del Rey y Champions League, de los cuales ganó 44, empató 11 y perdió 5 (ganó el 73 por ciento de los partidos que jugó). El presente del equipo culé redujo la competencia a show.

No estamos hablando mal del Barcelona, todo lo contrario, sería como tatuarse con una aguja de tejer “Necio” en la frente, con tinta china. Buscamos, sí, darle voz a una cada vez más extendida sensación de “fin del fútbol”, que el funcionamiento del Barça conlleva. No es por casualidad este presente sin rivales, queremos decir, repetir. Sobran ejemplos de equipos millonarios que compran 11 estrellas mundiales que se desempeñan como once individualidades más o menos habilidosas para el fútbol. Sin un funcionamiento de equipo esos talentos necesariamente se licúan en la cancha. No decimos nada nuevo.

También hay equipos, como el Manchester United, que supieron armar un equipo ultracompetitivo, con un plan sostenido en el tiempo, con un funcionamiento colectivo aceitado, donde las estrellas que se suman al principio de un torneo lo hacen como piezas que complementan el engranaje deportivo, como un plus. El Barcelona en la final de la Champions League del mes pasado dejó a ese equipo (¡a ese equipo!) reducido a club de mitad de tabla del Torneo Argentino B.

Barcelona logró un funcionamiento total que traduce al Manchester United, el segundo mejor equipo de la década, a grupito de amigos. Cuando la dinámica trasunta un control de pelota del casi 70 por ciento del partido, una sucesión de pases con precisión de máquina, donde un error es una anécdota, estamos en presencia de otra cosa, entretenimiento, pochoclo, pero no deporte.

Subrayando que hay un valor de trabajo, disciplina y talento en ese fútbol total que logró, para muchos, hacer del Barcelona el mejor equipo de todos los tiempos, y destacando las altísimas cualidades de la mayoría de sus jugadores (Andrés Iniesta, Xavi, Lionel Messi, David Villa), para el espectador que quiere ver simplemente fútbol, el Barcelona se está tornando aburrido. Fastidia tanta perfección.

La coartada contrafáctica Caruso Lomardi “el Barcelona en la cancha de All Boys no puede hacer cuatro pases seguidos” se resolvió desde el sentido común de Román: “Nos cagan a goles a todos”. Los primeros 5 minutos del Manchester presionando en la salida del Barça fueron auspiciosos: excelente estrategia de Sir Alex Ferguson, buscando recuperar la pelota en los primeros metros, obligando al líbero Javier Mascherano a salir con pelotazos, algo inédito para el equipo de Pep Guardiola. Pero como si un ser desde el más allá hubiera puesto una palanquita en on, de un segundo al otro el Barcelona se adueñó de la pelota y no hubo manera de sacársela, ni de presionar en los últimos metros, ni en la mitad, ni de hacer nada más. En un instante inasible el United despareció del campo de juego. Sin embargo, los estilos quedaron definidos igual desde la efectividad. El Manchester está predeterminado por la eficacia, tuvo una y Wayne Rooney la mandó a guardar: 1 a 1. El problema fue que sólo esa vez en todo el partido pudieron encadenar tres pases verticales desde un lateral. Todo el resto del dominio del balón fue patrimonio del equipo catalán.

Los exégetas de la estética se babearán por ese pinball humano cercano a la perfección, o perfecto. Pero los que creemos que el fútbol es el deporte más justo. El deporte donde el más pobre le puede ganar al más rico. El deporte en el que un grande puede irse al descenso y un chico salir campeón. Los que bancamos el fútbol porque permite que un país con tres millones de habitantes tenga 2 mundiales al hombro y uno con 1.313.973.713 de personas no pueda juntar 11 que se entiendan en una cancha. El deporte que troca las estadísticas en estadística (inclusive, las que usé en esta nota). El deporte donde un grupo de rústicos con un buen sistema le pueden ganar a un equipo que tiene un valor superior al PBI de Sierra Leona. Los que bancamos el fútbol como competencia posible, queremos que el Barcelona pierda, aunque juegue mejor, aunque juegue Messi, aunque creamos que Iniesta sea el mejor asistidor del mundo. Porque se anuló la sorpresa.

Es como empezar a leer un policial negro de 600 páginas que se llama “El mayordomo es el asesino”. El desafío del Barcelona ante un Alavés es saber si le puede hacer más de 10 goles. Scores de otro deporte, ni siquiera de tenis, de partido de Rugby trabado.

Allí amanece la figura monumental de Mourinho, ese técnico que oficia de estratega total, el único que le puede ganar al Barcelona. Mourinho es el superhéroe del archienemigo de la competencia. Barcelona no es El Eternauta, el héroe colectivo es en todo caso cualquier equipo de Mourinho, el Barcelona es la nevada mortal que los mata a todos. Pero los muchachos comandados por Juan Salvo darán pelea. Mourinho es el Juan Salvo del fútbol, El Eternauta portugués.

Desde que el Barcelona se decidió, con las armas más nobles de la naturaleza, a abolir la competencia deportiva, sólo encontró un escollo, por duplicado: José Mário dos Santos Mourinho Félix

Una vez comandando la internazionali milanista, derrotando al Barça en la semifinal de la Champions 2010. Y la otra con el Real Madrid, sacándole de las manos el único trofeo que en este 2011 el Barcelona no ganará: La Copa del Rey.

Quizás alguno alegue una cuestión antimonárquica para justificar ese desenlace, de acuerdo a una idiosincrasia catalana separatista. Pero no. Esa copa la ganó Mourinho, el único lío ante esa gesta.

Publicado en la edición de Un Caño de hace un mes, hoy, tras el 8 a 0, se redimensiona.

6.9.11

Las Aventuras de Perón en la Tierra

Todos amigos, los textos de Samurai Jack y El Escritor Portátil, y el enorme dibujo de Demián Aiello. Uno más talentoso que el otro. Hiperrecomendado.

De paso, les recuerdo que pueden ir a ver la muestra de Demián hasta el 30.