Lo de Lanata, hablemos crueldades, se malinterpretó desde el arranque. Desde el principio de los tiempos, desde que supimos de él. Sabemos que hubo más, pero pocas cosas fueron más emblemáticas que haber pintado un diario de amarillo hace quince años y llamarlo Amarillo/12. Eso, de alguna manera, fue condenar a Página/12 como interlocutor para los asuntos importantes de la Argentina, que quedarían reservados, en el campo de los medios y, por todos los años siguientes y, quien sabe para toda la vida que aun le quede a los diarios de papel, en las manos de Clarín y La Nación. Por meternos con el día consagratorio de la creatividad de Lanata. Pero fue una pavada. Un chiste que no se había hecho nunca, eso sí. El viejo truco de profanar lo sagrado. Que para hacer una revolución, fenómeno. Para hacer quilombo, fenómeno. Pero como máquina, como sistema, no produjo nada y lo banalizó todo.
Esteban Schmidt (Schmidt y el fin del periodismo), Primer borrador, primera parte.
Sep 2, 2008
Qué error imperdonable es citar largamente a alguien que escribe mejor que vos. Podés prologar con una frase corta y buscar empatarle. Pero nunca un fragmento. El fragmento te tira abajo.
Natanael Amenábar.
El periodismo y la banalidad, pensaba en eso, y recordé este primer texto de la saga ‘peguémosle a lanata’ que se publicó después del changüí propio del contrato temporal que le dio Esteban al diario Crítica: tres meses. Estuvo bueno, fue divertido, nadie lo había hecho de esa manera, y lo agradecemos. Pero no coincido en este fundamento. No está del todo equivocado pero tampoco dijo toda la verdad. Hay quienes ven las cosas y se detienen en la mitad llena y hay quienes, como Laclau, observan el significante y lo encuentran vacío. Y Esteban es de los que miran casi todo con desconfianza. Y desde allá edifica una obra muy importante, pero no deja de ser pesimista, y es más lindo mirar las cosas con alegría, aunque no nos salgan buenos textos. De Página/12 quería hablar y de Lanata y de otras cosas.
Lanata busca el golpe de efecto permanente y puede asestar golpes o, si el contrincante saber moverse, desgastarse, tirando trompadas al aire que justifican el partido pero que precisan demasiadas energías, necesarias cuando el partido es largo. Se puede suplir sólo informando con la verdad y dejando el tiempo correr.
Pero Lanata no tiene ideología, como Carrió o como Tenembaum. Entonces, cada uno en lo suyo, miran el mundo desde el cinismo, la predicción o el sentido común. Malas decisiones, porque tienen su importancia para la sociedad, aunque parezca mentira.
Entonces Lanata va y funda un diario, una revista o un portal web y lo único que busca es estar en el candelero, no le importa la calidad del golpe sino pegar. Cuando finalmente desiste de dar esa pelea quienes lo secundan logran mejorar sus productos. Los periodistas que se quedan, agarran el prestigio –cada vez más dudoso- de Lanata y le suman objetividad y honestidad y logran un producto para menos público pero más encausado para un sector de la sociedad. El famoso nicho. Pasó con Página/12, con Veintitrés y seguramente pase con Crítica en unos meses, cuando finalmente cambie de dueños.
Porque la información, la realidad contada, puede tomarse con humor, y es hasta necesario y loable que así sea, pero no desde el cinismo permanente. Perfil es tan o más opositor que Crítica sin necesidad de recurrir a la ridiculización manifiesta. La Nación viene marcando doctrina desde hace más de un siglo desde la solemnidad total. Clarín cuando necesita golpear gana por knockout porque cuando no necesitó pegar hizo un excelente juego de piernas.
Crítica no puede voltear un gobierno porque todos los días lo intenta, el día que tiene realmente una buena denuncia para hacer queda sumida en la sucesión, como el pastorcito mentiroso.
Barcelona es una revista que no consumo por lo mismo que le critico a Crítica. Alguna tapa fue fundamental pero la reiteración del recurso agota la sorpresa. Dejé de comprarla al 4to número. Ya está, ya lo vi. Lo que más lamento de este caso es que el staff de la revista es de lo mejor de la plantilla periodística sub40. Toparte con Daniel Riera, Ingrid Beck, Pablo Marchetti, Fernando Sánchez es de lo mejor que te puede pasar en un medio de comunicación. Que los tengamos en el equipo de los cínicos da un poco de bronca.
Así como los políticos que construyen desde la antipolítica dañan la política y a la larga se perjudican a si mismos, y a la sociedad, los periodistas que ofician de antiperiodistas de alguna manera dañan el periodismo y la posibilidad de que la sociedad les crea en un futuro de cinismo global incipiente.
Página/12 para mi encontró un equilibrio –aunque a veces la pifia- en el humor periodístico. Porque promociona la materia desde la ideología. Sabe qué quiere contar y hacia dónde va. Lo mismo que logra La Nación en el otro lado del ring. Y Crónica. Y Perfil de alguna manera. Y Clarín sobre todo. Cuál es el hecho que persigo, para qué y con qué fines. Eso tiene que estar claro.
El periodismo, la capacidad de informar, la necesidad de saber, es demasiado importante como para tomárselo con la liviandad del divertimento. Y es suicida para los trabajadores de la noticia. Porque a la larga se les volverá en contra.
Si practicás la orinoterapia vas a pensar dos veces antes de cenar cebolla cruda.
Cuando tenés la primera orina de la mañana en el tazón es tarde para lagrimas.











